| |
Vocación
que sigue madurando (testimonio del P. Symon)
Copio
los primeros párrafos del breve pero precioso informe que acerca
de sus impresiones sobre el Padre Hurtado escribió el Padre Symon
poco después de su muerte. Como apreciado y querido confidente
y director es el mejor informado sobre la vida espiritual de su dirigido
en esos años de Universitario, y su testigo más seguro y
auténtico. Allí aparece vivamente narrado el impresionante
episodio de su oración pidiendo una solución para su problema
vocacional:
«Le conocí cuando ya era universitario. Después de
algunas entrevistas me pidió que le sirviera de director espiritual,
y desde ese mismo instante empezó una amistad de confianza tan
asidua que pasó a ser el casi compañero de todas mis labores
espirituales. Tenía decidida su vocación sacerdotal y su
ingreso a la Compañía de Jesús. Este punto era discutido
por muchos de sus amigos eclesiásticos , pero jamás osciló
sensiblemente ante el primer llamado del Señor, y sólo pude
comprobar que día a día se iba solidificando más
su vocación religiosa y sacerdotal como futuro jesuita. Buen cuidado
tuve en no desviar jamás semejante vocación por muchos deseos
que tuviera de conservarlo a mi lado».
«Las virtudes que fueron aflorando y solidificándose fueron
deslumbradoras, sobre todo la que se refería a la caridad, pues
apareció un celo incontenible, que había de moderar repetidamente
para que no llegara a la exageración. No podía ver el dolor
sin quererlo remediar, ni una necesidad cualquiera sin poner estudio para
solucionarla. Vivía en un acto de amor a Dios que se traducía
constantemente en algún acto de amor al prójimo. Su celo,
casi desbordado, no era sino su amor que se ponía en marcha. Tenía
un corazón como un caldero en ebullición que necesita válvula
de escape, y aquí está la explicación de esa multiformidad
de obras de caridad que las presentía desde joven y que las realizó
ya hecho sacerdote y religioso».
«Sí, todos recibíamos mucho de ese gran corazón,
había un santuario íntimo en que se descubría hasta
lo indecible las riquezas de aquel joven privilegiado: era su hogar de
familia, donde su madre, doña Ana Cruchaga de Hurtado y su hermano
Miguel compartían con Alberto las angustias y alegrías en
forma maravillosa. Allí se expansionaba en grande el futuro apóstol,
y, después del amor a Jesús, el amor a María y los
grandes amores cristianos, el de su madre tenía culto privilegiado.
Justamente este era un punto de interrogación en el horizonte,
sobre su vocación: pues su madre necesitaba de él y de su
profesión de abogado, para sostener la lucha por la vida».
«Se iba a recibir de abogado, y no se podía ir al Noviciado
de la Compañía en Chillán, por la situación
financiera de su madre. Le vi hacer EL PRIMER MILAGRO: durante todo el
mes del Sagrado Corazón de Jesús del año 1923, fijó
sus visitas para con su amigo y padre espiritual, a las 10 de la noche,
en vez de venir a las horas diurnas, y a esa hora le vi tenderse en el
suelo cual largo era, frente al altar del Santísimo Sacramento,
y pasar una hora entera en esa postura, implorando en la oración
más fervorosa, que le solucionara el Señor sus problemas
económicos para poderse consagrar totalmente a Dios. Yo rezaba
el Breviario, y observaba mientras tanto. Pues bien, EL DIA DEL SAGRADO
CORAZÓN DE JESUS DEI. AÑO 1923, a eso de las tres de la
tarde, recibió un llamado telefónico citándolo con
urgencia, y de aquella entrevista salió la .solución de
un pleito antiguo de familia que dejó a su madre en situación
económica más desahogada, y el santo joven pudo ingresar
a la Compañía de Jesús, algunas semanas después.
Noviciado
y "Juniorado"
Terminados
efectivamente con brillo sus estudios de Leyes se recibió de abogado
en Agosto del 23, y, aún antes de recibir personalmente su diploma,
partió al Noviciado de Chillán el 14: quería asegurar
ese día para poder hacer sus votos religiosos (dos años
después) el día 15, fiesta de la Asunción de la Sma.
Virgen.
En Chillán, la Casa del Noviciado era un enorme y viejo edificio
(antigua Escuela Normal de las Religiosas del Sagrado Corazón)
que fue destruido por el terremoto de 1939. La vida religiosa era entonces
muy regular, y en el Noviciado muy severa sacrificada en muchos detalles,
de modo que el contraste era fuerte; pero esto es lo que ansiaba Alberto,
y, a pesar de ser, como abogado ya y de más de 22 años,
el de mayor representación, con su carácter generoso y alegre,
se entregó ciega y totalmente a lo que le indicaba su maestro de
novicios ser su obligación, conducente a su formación de
futuro sacerdote y apóstol.
Le tocó tener como maestro de novicios al Padre Jaime Ripoll, que
había sido su último Prefecto de División en el Colegio
San Ignacio. Conocía, pues, bien a su nuevo novicio, y apreciaba
sus grandes valores.
Severo en las exigencias del riguroso horario y reglamento del Noviciado,
era afable y cariñoso en el trato personal y estaba consagrado
por entero a su importante y trascendental cargo deformación: cuanto
mayores valores naturales descubría, mayor empeño ponía
en aprovecharlos y encauzarlos a la realización del ideal del jesuita:
ser apto instrumento de la MAYOR GLORIA DE DIOS.
En todas las pruebas de su formación: Mes de Ejercicios, Mes de
Hospital, de Peregrinación, Catequesis... fue modelo, como lo atestiguan
sus compañeros.
Estuvo en Chillán año y medio, pasando a comienzos del año
25 a Córdoba (Argentina), para terminar allí su período
de noviciado y consagrarse al Señor con sus votos religiosos el
15 de Agosto. Al mismo tiempo comenzó su largo período de
estudios: en Córdoba correspondían las Letras Humanas, cuya
médula era la formación clásica, basada en la cultura
grecolatina.
Tanto en el período de noviciado, como en éste, llamado
"juniorado", toda su vida se distinguió por su alegría
contagiosa y estimulante, por su piedad y observancia religiosa, y por
su entrega a los estudios, pleno del anhelo de formarse apto instrumento
de la MAYOR GLORIA DE DIOS.
De esta etapa (febrero del 25 a agosto de 27) me limitaré, por
ahora, a copiar el testimonio enviado por su segundo maestro de novicios
y después su director espiritual en el Juniorado, P. Luis Parola
(que más tarde fue su Provincial en la entonces llamada Provincia
Argentino-Chilena), dice así:
Juicio del P. Luis Parola, S.J., sobre el R.P. Alberto Hurtado, S.J.
"He sido su director espiritual por varios años, cuando el
dicho Padre cursó estudios en Córdoba, de Argentina.
Lo he conocido muy de Dios, piadoso y fervoroso en su piedad; humilde
y nada pretencioso; votos y reglas; lleno de celo por la salvación
de la almas; constante, sin altibajos; apreciado de sus compañeros.
Cuando de él me han hablado, siempre ha sido con elogio.
Doy fe en Paraguarí (Paraguay), a 3 de noviembre de 1972.
Firmado: Luis Parola, S.J.".
Estudios
de Filosofía en España
A
mediados de 1927 fue enviado a Europa para continuar sus estudios en España.
En aquellos tiempos no se pensaba en viajes a su país para despedirse
de sus familiares. Partió, pues, en largo viaje a Barcelona (en
barco), viaje que él describe alegremente en carta a sus compañeros
de Córdoba.
En Barcelona debía estudiar Filosofia, en el Colegio San Ignacio
(Sarriá), prestigiado plantel de estudios superiores de la Compañía.
Tuvo gran gusto y consuelo al encontrarse en Barcelona con el antiguo
y querido director espiritual, P. Fernando Vives, activamente ocupado
en trabajos apostólico- sociales. Era el único jesuita chileno;
pero su carácter, simpatía y, sobre todo, sus virtudes,
le hicieron muy pronto popular y querido.
Era notable - entre otras cosas - la gran abnegación y caridad
con que atendía a los muchos extranjeros que venían a estudiar
a ese Colegio, para quienes el aprendizaje de la lengua era tarea dura,
para ellos y para los que con paciencia y caridad lo ayudaban.
Todas estas impresiones me tocó oírlas personalmente de
muchos de sus compañeros y superiores, al pasar yo en ese Colegio
y Comunidad una semana en septiembre de 1928, de paso a Alemania, en donde
comenzaría mis estudios de Teología.
Al llegar yo, estaba él con la mayor parte de la Comunidad en Ejercicios,
y a pesar de saber que yo llegaría más o menos en ese tiempo,
tan recogido estaba que, sólo a los tres días, al término
de los ejercicios, se dio cuenta que estaba allí su antiguo amigo.
Era la primera vez que veía a Alberto de jesuita (nos habíamos
ido pisando los talones), y me fue grato tratar con amigo tan querido,
me fue asimismo de gran consuelo oír las unánimes alabanzas
de su persona y de sus virtudes religiosas.
Aunque las severas, costumbres de aquel tiempo (especialmente en España)
no nos permitieron salidas o visitas fuera de la ciudad, pasamos en ellas
y con el P. Vives, días agradables y reconfortantes para el espíritu.
El P. Symon en su informe, añade sobre estos años: "Lo
volví a encontrar en Barcelona el año 1931, y después
de varias horas de gratísima compañía, pude contemplar
la transfiguración de Alberto Hurtado en un verdadero santo, como
religioso y futuro sacerdote. No había ninguna cosa externa que
llamara la atención; pero el calibre de su voluntad totalmente
traspasada por la voluntad de Dios, era de tal magnitud que me dieron
deseos de besarle sus manos y casi de pedirle una bendición".
Al separarnos nuevamente, ya la distancia no era tan grande mantuvimos
algún contacto epistolar.
Lovaina:
Teología y Pedagogía. Maduración intelectual y espiritual
Por
él supe que, al salir de España los jesuitas extranjeros
(como medida preventiva ), con motivo de la Revolución del 31,
Alberto, que terminados allí sus tres años de Filosofía
y Ciencias y su primer año de Teología, adelantó
sus exámenes, y partió por varios meses a Irlanda, donde
lo invitaban insistentemente sus muchos amigos, a quienes había
ayudado en su estada en Barcelona: ellos le pagaron la deuda en la misma
moneda, ayudándolo en su "inglés".
Estos meses en Irlanda fueron sólo un compás de espera,
y, a la vez, de descanso, pues ya desde antes estaba destinado por sus
superiores a terminar en Lovaina los estudios de Teología. Llegó
allá a fines de septiembre de 1931. Aunque en naciones distintas
(Bélgica y Holanda), éramos muy vecinos, y nuestro trato
pudo ser más frecuente y personal.
Sin duda que todos los acontecimientos de la vida están dirigidos
y ordenados por la Providencia, y esto, de modo especial, en personas
que han de cumplir y realizar una gran misión.
En mi opinión, su estada y estudios en Lovaina fueron, de un modo
especial, providenciales, e imprimieron en él un sello fuerte y
perdurable, no sólo en su formación teológica, sino
humana, religiosa y sacerdotal.
Y, ante todo, se encontró allí con un rector extraordinario,
el padre Juan B. Janssens, luego General de la Compañía,
quien le conoció y trató muy íntimamente, y le profesó
desde entonces una gran estima, y una amistad sincera y paternal.
Le tocó vivir en el viejo caserón, inferior a cualesquiera
de nuestras casas en cuanto a la parte material. Pero sobre todo lo material,
estaba lo intelectual y religioso.
Ya el mismo ambiente de la ciudad era para levantar el nivel intelectual
y científico, especialmente por su prestigiada Universidad Católica,
que conservaba aún vivo el recuerdo e influjo del Cardenal Mercier.
La casa de Estudios Superiores de los Jesuitas belgas estaba también
muy prestigiada. Su profesorado, selecto y bien formado, era abundante,
para dirigir y atender en sus estudios al número de teólogos
jesuitas, entre los que había de más de 15 naciones diferentes.
Los programas de estudio, especialmente los de Sagrada Escritura, llamaban
la atención por su renovación y espíritu casi de
avanzada, pero dentro de una fiel ortodoxia y de respeto a toda indicación
de Roma.
Su dinamismo lo impulsó a pedir autorización - como lo hacían
muchos otros - para seguir cursos universitarios, con miras a obtener
un título laico. Eligió la Pedagogía, para la cual
sentía gran inclinación y que, por otra parte, preveía
le sería de gran utilidad en sus futuros ministerios en Chile
Esto suponía y exigía un gran recargo de trabajo, pero los
terminó a los tres años obteniendo su licenciatura con "gran
distinción".
Este obligado contacto con jóvenes universitarios, entre los que
había centenares de latinoamericanos, proporcionó a su celo
apostólico un campo que, ciertamente, no descuidó, iniciándose
así en el amplio trabajo que realizó después en Chile
con universitarios: jornadas y retiros espirituales, junto con otros sacerdotes
latinoamericanos, fuera del trato y ayuda espiritual de esos jóvenes,
expuestos a tantos peligros para su fe y costumbres, lejos de sus familias.
Entre estos compañeros de apostolado, trató e intimó
con el Padre Jaime Castiello, S.J., mexicano, (otro hombre y apóstol
extraordinario), fallecido muy joven en un accidente en EE.UU., en donde
era profesor universitario, dejando obras de pedagogía y formación
humanística relevantes.
Aquí, en Lovaina, y especialmente en sus estudios teológicos
fue cuando - en mí modesta opinión - comenzó a dar
muestras muy claras de una gran capacidad intelectual.
Como ya dije, en sus estudios secundarios fue un alumno bueno, pero corriente;
en la Universidad sus estudios fueron, sin duda, muy buenos y coronados
por el éxito y las buenas notas, pero las preocupaciones económicas
y familiares fueron inevitablemente un escollo para alcanzar una mayor
profundidad y brillo.
En cambio, en Lovaina fue muy buen alumno y llamó la atención.
Lo digo, porque para mí, que lo conocí y traté tanto,
fue una sorpresa desde entonces - y mayor cada día - el verlo de
una agilidad mental muy grande y capaz de captar bien las constantes novedades
ideológicas y culturales; sorpresa que he considerado siempre sólo
explicable por una ayuda especial de nuestro Señor.
Además, su convivencia en esa numerosa y, en cuanto a nacionalidades,
heterogénea comunidad, fue reveladora de su personalidad, de sus
virtudes y de sus excepcionales cualidades : trato humano y espiritual.
Aún el núcleo más numeroso y básico de compañeros
belgas, que - dentro de una necesaria elemental unión y caridad
- estaba dividido en dos grupos tradicionales (flamencos y valores) sentía,
como todos los demás, una extraordinaria estima y afecto por el
padre Hurtado. Y esto no lo afirmo a priori ni por comentarios de algunos
amigos.
Estuve en Lovaina en varias ocasiones, y sobre todo, una larga temporada
después de terminados mis estudios, y tuve pasión de palpar
yo mismo este ambiente; aún más, me aproveché (sin
pretenderlo) de él, pues, a pesar de ser un extranjero desconocido,
y cuyo trato no podía además ser muy agradable, por no dominar
el idioma, tenía ofertas de compañía e invitaciones
de sobra para paseos y excursiones, de parte de flamencos y valores, y
esto, de seguro, solamente por ser el compatriota y amigo del Padre Hurtado.
Además, fuera de los juicios muy laudatorios de varios profesores,
con quienes hablé, la prueba más contundente me la proporcionó
el Padre Rector, Juan B. Janssens, quien no sólo me habló
en forma extraordinariamente laudatoria y cariñosa del padre, sino
que me dijo que su plan y deseo había sido nombrarle ese año
escolar (32 - 33) "Bedel", es decir, como un subdirector ministro
y, a la vez, representante de los teólogos, y precisamente por
ser tan unánimemente estimado y querido, y por el bien que hacía
entre sus compañeros, y que solamente había desistido ante
el exceso de trabajo que ya tenía, poniendo en peligro su salud.
En un grupo tan numeroso y heterogéneo, de gente selecta, nombrar
a un extranjero, de lengua diferente, era, sin duda, extraordinario, y,
por lo tanto, muy revelador de la estima de sus valores personales y religiosos.
Otra prueba manifiesta de esta gran estimación de su rector y profesores
es la carta, en que el rector, a nombre de los del Colegio de Lovaina,
comunica al Provincial de Chile (P. José Llusá) su juicio
e impresión acerca del permiso para la ordenación sacerdotal
del Padre.
Le escribía a 22 de febrero de 1993 (traduzco fielmente la carta
escrita en latín): «Si no me engaño, después
de la próxima Consulta de esta Provincia (de Bélgica) le
serán transmitidos por nuestro Padre Provincial, los informes referentes
a las Órdenes del Padre Hurtado. Pero permítanse, desde
ahora, testificarle a S.R. de cuán grande edificación nos
ha sido a todos el Padre Hurtado, por su piedad, regularidad, entusiasmo
y constancia en los estudios, caridad, discreción, buen trato con
todos, ciertamente ha ido delante de los compañeros por su ejemplo.
Es querido de todos. Juzgo que el Señor ha destinado a su Provincia
un hombre verdaderamente eximio; por lo menos así nos parece a
nosotros. Verdaderamente le agradezco que lo haya destinado a Lovaina:
en esta comunidad ha ejercido un verdadero apostolado.
Me encomiendo en sus oraciones, Juan B. Janssens, S.J.».
Respondiendo a este punto de la carta, le dice el entonces Provincial
de Chile: "Después de dar gracias máximas a Dios, las
doy enseguida a S.R. y a los demás Padres, que nos han obligado
con tantos lazos de caridad y gratitud, por la formación de este
joven, gran esperanza de nuestra pequeñísima Viceprovincia"
(a 23 de abril de 1993).
|
|