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Sacerdote
de Cristo
En Lovaina, durante su tercer año de teología, recibió
las órdenes del subdiaconado y diaconado, y, al término
de él, el 24 de Agosto de 1933, fue ordenado sacerdote por el Cardenal
van Roey, Primado de Bélgica, oficiando el 25 su Primera Misa.
Tuve el grato honor y gran consuelo de ser su presbítero asistente.
Días hermosos y llenos de santo fervor: su alma era esencialmente
sacerdotal y vibraba de modo impresionante. Lo acompañaron don
Joaquín Larraín Simkins, secretario de la Embajada de Chile
en Bélgica, y señora Lucila Ramírez de Larraín,
la señora Rebeca Sanfuentes de Edwards (que fue su madrina de Altar),
y familia, y otro grupo de amigos chilenos y latinoamericanos.
Terminados sus estudios, tanto teológicos como de pedagogía
con las licenciaturas respectivas a mediados de 1934, comenzó la
última prueba oficial o reglamentaria de la larga formación
religiosa, la que llamamos "Tercera Probación"; ella
equivale a un segundo noviciado, y es como el último toque de la
larga formación del religioso jesuita, del sacerdote - apóstol.
Le correspondió hacerla en la misma Bélgica, en la cercana
aldea de Tronchiennes, en una antigua abadía medioeval.
Terminada ésta, y pasada ya la mitad del año 35, y obteniendo
el Doctorado en Psicología y Pedagogía en la universidad
de Lovaina, sólo le quedaron unos meses, que empleó con
avaricia en completar conocimientos, visitar Centros de Acción
Apostólica y Social en Bélgica, Holanda, Francia y Alemania;
preparó además una Exposición Bibliográfica
de Pedagogía, que ofrecería en Chile, a su llegada. Premunido
de un nombramiento oficial ad honorem del Gobierno (su tío Miguel
Cruchaga era ministro de Relaciones Exteriores), tuvo entrada en muchas
instituciones oficiales y particulares, reuniendo una selecta y valiosa
biblioteca.
Vuelta
a Chile. Comienzo de sus labores apostólicas
Llegó
a Chile en Enero de 1936. Ya desde antes, por muchos lados era pedida
su acción, en la que descansaban muchas esperanzas:
a) Dentro de la Compañía de Jesús se le pidió
tomase en el Colegio San Ignacio, junto con las clases de Religión
en los cursos superiores, la dirección espiritual de los alumnos
mayores;
b) Fuera se le pidió un curso de charlas de Pedagogía para
adultos en el Aula Magna de la Universidad Católica. Durante todo
el año estas charlas semanales fueron seguidas con gran interés
por los numerosos asistentes, principalmente padres de familia y educadores.
Pero éstos como cauces o marcos iniciales de su labor apostólica
fueron rápidamente sobrepasados y multiplicados en forma que es
casi difícil seguirlo en su actividad de un modo ordenado y cronológico.
Unía a su juventud (35 años) su temperamento dinámico
y vehemente, y, sobre todo, su ardiente celo por las almas, que durante
más de doce años había tenido que, en cierto modo,
controlar en reducidos limites, por haber estado dedicado primordial y
esencialmente a su sólida formación y a su preparación
integral para su misión apostólica sacerdotal.
No es extraño, pues, que a los pocos meses estuviera ya como torrente
desbordado:
a) Sus clases de Religión no se limitaron a las horas reglamentarias
sino que pronto fueron secundadas por círculos de estudio del Evangelio,
que diferentes grupos de los diversos cursos seguían con mucho
interés;
b) Por estos Círculos y por la Congregación Mariana de alumnos,
que él tomó, creció la piedad, y fomentó las
actividades apostólicas de los alumnos: catecismos en poblaciones
Velásquez y Buzeta;
c) Sobre todo por los Cursos de Ejercicios Espirituales voluntarios, que
muy pronto comenzó a predicar, despertó un que se reflejó
inmediatamente en la inspiración de numerosas vocaciones sacerdotales
y religiosas;
d) El campo de apostolado no se limitó a sus alumnos: simultáneamente
se fueron formando grupos de jóvenes o universitarios, o de otros
colegios o liceos, que tenían también sus círculos
de estudio sobre el Evangelio, de los cuales los más entregados,
iban ingresando a la Congregación Mariana de Jóvenes, que
tuvo un período de gran vitalidad, por sus misas colectivas, su
frecuencia de sacramentos y sus actividades apostólicas.
Un círculo de estudios formado por elementos selectos de esta congregación
tuvo una vida floreciente de intensa espiritualidad, como recordarán
sus activos participantes de entonces.
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