Biografía, El Padre Hurtado Apóstol de Jesucristo
por el P. Álvaro Lavín s.j.
04. Trabajos Pastorales
 
     
 

Retiros espirituales, Casa de Ejercicios y Ciado

Su actividad en la predicación de los ejercicios, aunque ejercitada durante toda su vida de ministerio apostólico, conviene hacerla notar desde el principio, pues él la consideró siempre como fundamental y sólidamente provechosa. A pesar de las múltiples ocupaciones y obligaciones, siempre buscaba tiempo y forma de atender a las continuas peticiones que recibía: jóvenes de colegios secundarios y universitarios, empleados, señoras, el clero secular y regular, no sólo de la capital, sino también de las principales ciudades de provincia.

Esta convicción suya lo llevó muy pronto a pensar en la construcción y funcionamiento de una amplia y acogedora Casa de Ejercicios, que con dinámico fervor llevó muy pronto a la realidad. La quiso junto a la parroquia y a la casa de formación (novicios y juniores) de los jesuitas en el entonces llamado pueblo de Marruecos, la que también en gran parte se debe a sus desvelos.

Ambas casas convirtieron ese sitio en centro de vida espiritual y de semilla y fermento apostólico, razón por la cual lleva ahora merecidamente el nombre de PADRE HURTAD0.

Entre las innumerables tandas o cursos de ejercicios se hicieron pronto famosos, por el número y fervor de los oyentes, las predicadas en Semana Santa. Las 70 piezas individuales de la Casa de Ejercicios, más las 40 ó 50 que los jóvenes jesuitas (novicios y estudiantes) cedían a ese objeto, no bastaban, y con frecuencia se hubo de habilitar salones con colchones para satisfacer los pedidos de hasta 200 jóvenes, ansiosos de oír la palabra de un sacerdote que dejaba traslucir patente el genuino apóstol de Jesucristo. Esto es lo único que puede explicar el número y presión de las solicitudes, y el que este entusiasmo se repitiese año tras año.

Vocaciones religiosas y sacerdotales

En sus cursos de ejercicios, o nacían o se decidían muchas vocaciones, que, como dijo Monseñor Manuel Larraín en su oración fúnebre, no eran fruto de una "pesca" del Padre, sino el efecto de la irresistible atracción de un hombre de Dios, que vivía lo que predicaba su palabra, brillante y atractiva, no tanto por su elocuencia literaria, sino por la sinceridad y el fervor.

Se podría redactar listas de estas vocaciones, que han realizado y realizan una multiplicada acción sacerdotal. El mismo, en algunas cartas confidenciales al Superior, pone listas, distinguiendo las vocaciones provenientes de colegios de jesuitas de otras fuentes, como, asimismo, los ingresados a la Compañía o al Clero Secular.

El problema vocacional lo obsesionó desde el principio, por la impresionante falta de sacerdotes: hizo estudios, estadísticas, y a primera obra (opúsculo) que escribió fue precisamente sobre este tema LA CRISIS SACERDOTAL EN CHILE (Editorial Splendor, Santiago, 1936, 27 páginas). Años más tarde, y en forma más general, publicó otro opúsculo sobre LA ELECCION DE CARRERA (Editorial Difusión, Buenos Aires, 1943, 111 páginas).

Hasta sus últimos meses de actividad, y a pesar del cúmulo de trabajos que absorbían su tiempo y atención, hacía paréntesis era no rechazar corridas de ejercicios: estaba persuadido de su eficacia y veía y palpaba sus consoladores frutos.

¿Es Chile un país católico?

Su celo, su espíritu observador y su patriotismo le inspiraron desde los comienzos de su apostolado un temor y le causaron una profunda pena: captaba muy clara, viva y dolorosamente la generalizada ignorancia religiosa en todas las capas sociales, y especialmente en el pueblo, por el que tanto ansiaba trabajar. Veía y reconocía religiosidad en el pueblo, pero una religiosidad superficial y muy mezclada o contagiada de supersticiones.

Este temor, que entrañaba un grave peligro, le impulsó a estudiar el punto, a pedir datos y encuestas a los párrocos de o Chile, a consultarlo con las personas entendidas, y a publicar después un libro, que llegó a ser famoso por el impacto que produjo y por las discusiones que provocó, incluso por el mismo atrevido título que le puso: ¿ES CHILE UN PAIS CATOLICO?

Como dice en el prólogo Monseñor Augusto Salinas, entonces auxiliar del Arzobispo de Santiago y asesor nacional de la Acción Católica: «Con multitud de informaciones estadísticas y observaciones personales, el Padre Hurtado dirige primeramente una mirada al estado del mundo en el orden religioso, y analiza después el de nuestra patria, desde diversos aspectos que convergen en último término a uno mismo. Era necesario hablar de las miserias de nuestro pueblo con la dura realidad de los hechos, a la vez que con elevado criterio y con caridad evangélica. Era necesario presentar el cuadro real de la vida cristiana en Chile, para que se mida el abismo de ignorancia y de incredulidad a que hemos llegado».

Poco antes, en el mismo prólogo introductorio había dicho: «Escrito sin otro apasionamiento que el 'amor a Jesucristo y a las almas, iluminando con la luz del Evangelio y de las enseñanzas pontificias y con la claridad del reconocido talento de su autor, este libro debe servir como examen de conciencia para esos numerosísimos católicos, que permanecen en la indolencia más incomprensible, mientras la iglesia chilena sufre males tan profundos que la amenazan de muerte...».

Esto es lo que ciertamente y ante todo pretendía el Padre Hurtado, y sin duda que el libro fue una valiente voz de alerta y de estímulo que marcó como un hito en los trabajos pastorales de evangelización.

El Padre dedica el libro "a la juventud Católica de Chile, sobre cuyos hombros reside el porvenir de la Iglesia y de la Patria, pidiendo al Padre de todo bien que suscite entre sus hermanos, los jóvenes chilenos, apóstoles de Cristo, que hagan mejor y más bella la vida en este Chile que nos vio nacer".

El Asesor Nacional de los jóvenes católicos

Al escribir estas palabras, que manifiestan su anhelo y de despertar en los jóvenes esos ideales de trabajar como apóstoles de Cristo, haciendo el verdadero bien a todos sus hermanos chilenos, ya estaba el Padre al frente de esa falange de católicos como su asesor nacional.

Esta actividad y este cargo de tanta responsabilidad le cayeron como naturalmente y de su peso.

Por sus clases, Círculos del Evangelio, Congregación por sus ejercicios y, sobre todo, por la dirección espiritual de muchos, por el trato y atracción de su persona, viril, generosa, alegre y profundamente religiosa y sacerdotal, era admirado, querido y buscado por innumerables personas que notaban y vivían en sí mismos que ese contacto los ennoblecía y los elevaba.

Se añadió la circunstancia de ser entonces asesor general de la Acción Católica, Monseñor Agusto Salinas, Obispo Auxiliar de Santiago, y compañero y amigo del Padre en sus estudios universitarios y en el Servicio Militar: conocía, pues, sus cualidades y su espíritu.

Nombrado, primero, Asesor Arquidiocesano de Santiago, y después, Nacional, su actividad desbordó: se encontraba en su centro con los jóvenes, y no puso límites en la propia entrega a su cultivo. Los centros se fueron multiplicando en todo Chile, que él recorrió de Arica a Magallanes, animando con su presencia y su palabra a todos. Sabía descubrir, animar y ver todos los valores humanos de los jóvenes, que son muchos y especialmente su generosidad; a ella le mostraba metas e ideales altos y arduos; quería formar jefes y héroes, y todo esto lo podía proponer con fuerza y persuasión, porque le salía de dentro. Esperaba mucho de los jóvenes y los quería grandes y generosos apóstoles.

No se quedaba en las palabras, pues recomendaba y exigía vida de fe práctica, con sacrificio y apostolado.

Aún más, dentro de estos grupos, pronto eligió y formó un grupo selecto, para perfeccionar en sus miembros este espíritu y avivarlo en los demás. Este fue el famoso SERVICIO DE CRISTO REY. Estaba "formado por jóvenes que aspiran, con la gracia de Dios, a vivir plenamente su fe, y aceptar todos los sacrificios que traigan consigo el apostolado de la Acción Católica para la extensión del Reino de Cristo".

La vida de esta rama de la Acción Católica se hacía notar también al exterior por otras manifestaciones:

a) La nueva Casa Central de la Juventud Católica, de Alameda con Ejército, bullía en sus reuniones formales y ordinarias, como en las libres y de amistad;

b) Allí se estudiaban y redactaban las revistas del movimiento, y sus variados volantes e invitaciones;

c) El éxito del Congreso Nacional de Valparaíso, en Octubre de 1942, que reunió a cerca de cinco mil jóvenes, llegados con gran sacrificio y entusiasmo;

d) Algo semejante acaeció al llenar el teatro Caupolicán el año siguiente, en el día del Joven Católico: algo sorprendente e inaudito y casi inimaginable para un movimiento de valiente profesión de fe en Jesucristo y en su causa;

e) Los desfiles nocturnos con antorchas, en la Fiesta de Cristo Rey, presididos por su asesor nacional, en que los jóvenes, conforme a los deseos y recomendaciones del Padre, con una marcha varonil, alegre, casi desafiante, querían dar testimonio, público de su fe. Era impresionante verlo, con sus 40 años ya pasados, con el ardor y entusiasmo de un joven, animado con su ejemplo y fervor.

No es el caso de entrar en detalles mayores. Fueron, sin duda, años de vivencia y esperanza cristiana.

Y esa semilla, sembrada y fecundada, en tantos centenares y millares de jóvenes, ha dejado no sólo recuerdos agradables, sino raíces profundas para su vivir y actuar en los años posteriores.

Una renuncia dramática

Sin embargo, en el desempeño de este apostolado, tan amado del Padre, permitió el Señor una prueba que, para él, resultó muy dolorosa: su renuncia al cargo de asesor.

Acusaciones y críticas ya antiguas y repetidas, sobre expresiones, actitudes y actuaciones del Padre Hurtado, recrudecieron tal vez en esos años, y le preocuparon.

Dando cuenta a un Visitador de la Compañía de Jesús (Padre Tomás Travi), de sus actividades apostólicas, mencionaba también estas dificultades con que tropezaba y las acusaciones se le hacían.

Dentro de la claridad y firmeza de conceptos, las exponía con total sinceridad, y con sencilla humildad trataba de defenderse de ellas. Terminada su defensa ante el Visitador con estas palabras tan propias de su humilde sencillez: "a todos estos antecedentes que agregar, ciertamente, poca prudencia del que esto escribe, carácter vehemente apasionado por temperamento, y ente errores que Vuestra Reverencia habrá visto con mayor claridad, y de los que espero un juicio suyo para tratar de corregirlos con eficacia, y, si necesario fuese, penitencia".

Tanto en esta detallada exposición, como en otras posteriores y contemporáneas a su apostolado en la Asesoría Nacional de la Juventud Católica, reducía estas acusaciones principalmente a tres capítulos: 1°) Falta de espíritu jerárquico; 2°) Ingerencia en política; 3°) Ideas avanzadas en materia social.

Como, a pesar de sus explicaciones estas quejas y rumores hasta las más altas esferas eclesiásticas, incluso al asesor de la Acción Católica, que le había llamado y nombrado para su cargo, el Padre ya el 12 de Abril de 1942 había presentado su renuncia, que le fue rechazada.

Sin embargo, como las críticas continuasen, y sin culpa moral de nadie, se juntasen a ellas algunos malos entendidos con el asesor general de la Acción Católica, su inmediato superior en ese campo, que entorpecían la total unidad de criterio y voluntades que se requerían entre ambos para la buena y segura marcha de la obra, juzgó el Padre más conducente al bien general, reiterar humildemente su renuncia ( 10 de Noviembre de 1944).

En 1944 explicó larga y confidencialmente por escrito, tanto al asesor general como al Arzobispo, monseñor Caro, los motivos de su renuncia, que había meditado delante de Dios y consultado con personas de su confianza (incluso monseñor Manuel Larraín).

En su breve carta oficial de renuncia, le decía al Arzobispo "Ruego a V.E.R. tenga la bondad de presentar a la Excelentísima Comisión Episcopal mi renuncia al cargo de Asesor Nacional de la Asociación de Jóvenes Católicos. Al pedir a V.E.R. este favor, quisiera también rogarle tuviera la bondad de presentar a los Excmos. y Rvds. Srs. Arzobispos y Obispos mi profunda gratitud por la confianza que me han dispensado durante estos tres años y medio al confiarme la Asesoría de la Juventud Católica, labor de profunda responsabilidad y trascendencia.

De V.E.R. siervo en Cristo".

Y en su carta a Monseñor Salinas le añadía esta petición "Te agradecería con toda el alma que si ésta fuese aceptada, como supongo lo será, lo sea luego, para no perjudicar a la Rama con esa marcha lánguida que no puede menos de dar quien sabe que en otra ocasión, pueda recibir interpretación política, y además el momento político, gracias a Dios, no está especialmente turbado.

Te saluda tu amigo y hermano, Alberto.

La renuncia le fue aceptada por fin en Diciembre de 1944.
Respecto a las causales de esta renuncia y a sus consecuencias, dice hermosa y profundamente Alejandro Magnet en su biografía del Padre: «Este proceso, visto más íntimamente adquiere un dramatismo misterioso. No nacía de la oposición de dos enemigos, no había en él odio ni rencor alguno. Todo lo contrario: el Padre Hurtado, no sólo en declaraciones públicas, sino escribiéndole a un amigo íntimo, le aseguraba que Monseñor Salinas era un carácter recto y estaba animado las mejores intenciones; y, por otra parte, el Obispo apreciaba sinceramente las virtudes de su viejo amigo. Sólo cada uno juzgaba que el otro estaba equivocado y que ese error podía tener graves consecuencias para la Iglesia, a cuyo servicio ambos estaban dedicados por entero. Esta común rectitud de intenciones y, la sumersión de ambos en Dios, es, precisamente, lo que da al conflicto su carácter misterioso e inhibe de todo juicio pronunciado desde el tiempo, desde este lado del tapiz que se está tejiendo para ser mirado a la luz de la eternidad».

Sin duda la prueba fue grande y dolorosa para la parte humana y personal del Padre Hurtado. En ese trabajo apostólico se encontraba y sentía plenamente "realizado"; pero sobre su gran dolor humano y natural la reacción sobrenatural fue generosa y superior, la aceptó como venida de la amorosa Providencia del Señor, y no sólo observó el mayor cuidado de no expresar una palabra de queja o crítica, sino que sincero y constante esfuerzo, el cual podría llamarse heroico, luchó para conseguir lo mismo de todos sus amigos, y de sus queridos jóvenes, que, con el natural ardor de su edad, querían oponerse y protestar. Especialmente a los dirigentes del Movimiento hubo de pedirles, en la forma más persuasiva y firme, que no renunciasen a sus cargos, sino que se esforzasen por seguir trabajando y cooperando con el mismo entusiasmo con su sucesor.

Llegó al extremo de no admitir ninguna manifestación en su honor, ni siquiera una misa, para no dar la más mínima ocasión a comentarios de ninguna especie en este punto. Todo esto se lo oí personalmente, expresado con gran emoción, pues su carácter era muy sensible y afectivo.

Por otra parte, tuvo la humana y alentadora satisfacción de recibir innumerables demostraciones de reconocimiento, simpatía y gratitud, de muchos amigos y colaboradores, especialmente de sus fieles grupos de jóvenes de todo el país

De éstas anotaré tan sólo la del presidente de la Junta Nacional de Jóvenes, Víctor Risopatrón Matte:

«He pedido la palabra en esta última sesión que la Junta Nacional de la Acción Católica Chilena celebra en 1944, para rendir un homenaje en nombre de los jóvenes católicos, al querido asesor que durante cuatro años guió a nuestra Asociación en su marcha ascendente».

«Quiero que quede para siempre constancia de la gratitud y del inmenso cariño que sentimos por él en estos momentos en que con el corazón lleno de dolor lo hemos visto partir de Ejército 3, ese gran hogar que él hizo amable y lleno de vida y entusiasmo»

«Lo que el Padre Hurtado significa para nosotros, no podría expresarse en palabras. Pero de todas maneras quiero recordar brevemente algunos aspectos de su labor»

«Recibió una Juventud Católica generosa pero pequeña, sin organización, ni visión de su responsabilidad histórica, v entrega ahora un movimiento fuerte y disciplinado, lleno de espiritualidad y de vida».

«En esos cuatro años le ha dado una organización moderna y eficiente que a mí no me corresponde alabar».

« Ha formado dirigentes y militantes, por medio de retiros, círculos de estudios, concentraciones, conferencias, dirección espiritual, artículos, etc., acrecentando en todos nosotros la formación, tanto religiosa como humana».

«Ha efectuado giras de Arica a Punta Arenas levantando nuevos centros y alentando a los ya existentes, llevando a todas partes su palabra sabia y su ejemplo que entusiasma».

«Con sus dotes de simpatía y popularidad ha conseguido financiar casi todas nuestras empresas que cada vez van siendo mayores y más costosas».

«Ha hecho brotar una hermosa y floreciente vida espiritual, y las almas de todos los jóvenes católicos se han elevado hacia el Señor en la unión íntima de una gracia permanente».

«Siempre supo guiar y despertar con prudencia e inteligencia muchas vocaciones, que han respondido generosamente a los dos del Señor».

«Ha creado en nosotros una mística, que nos hace sentirnos fuertes y optimistas, como únicos poseedores de la verdad, que no puede encontrarse más que en la Iglesia de Cristo, y como el más importante de los movimientos juveniles de nuestra patria».

«Nos ha inculcado en esta era de egoísmo y superficialidad, el sentido de nuestra responsabilidad y de un heroísmo que a las horas de prueba para manifestarse».

«Y así, formados y templados nuestros espíritus nos ha lanzado al apostolado, para conquistar para Cristo el liceo, el cuartel, la gran ciudad, la aldea campesina, la fábrica, la oficina y todos los rincones de Chile».

Pero, por sobre todo, el Padre Hurtado ha sido el hombre de la unidad; él ha formado nuestra magnífica unidad interna; ha unido en lo esencial a miles de jóvenes que piensan de muy deferentes maneras en los asuntos contingentes, haciendo imperar fe la caridad, la comprensión y la alegría».

Sobre sus cualidades personales no me voy a referir, pues las seguiremos aprovechando, no ya como asesor, pero sí como padre espiritual, como maestro y como amigo».

«A ese gran asesor y santo sacerdote he querido rendir, con estas torpes palabras, el más sentido homenaje de admiración, cariño y gratitud, en nombre de todos los jóvenes católicos de Chile.

Víctor Risopatrón M.».

Concuerda con estas sentidas apreciaciones, emitidas en nombre de los jóvenes católicos, otro juicio venido de muy lejos, desde Roma, y escrito poco antes de la renuncia del Padre:

El señor Rudi Salat, entonces Secretario Administrativo Internacional de PAX ROMANA, permaneció un año íntegro en Chile (14/5/43 al 18/5/44), con la misión de estudiar y estimular el movimiento y organización de la Acción Católica Chilena.

En el exhaustivo informe confidencial entregado (57 páginas de oficio), expresa notables elogios acerca de la Rama de los Jóvenes.

Me limito a copiar sólo unas líneas referentes a la actuación del asesor de ese tiempo, P. Alberto Hurtado.

Habiendo dicho que «esta Rama de los Jóvenes ha tenido muchas bendiciones especiales de Dios , al enumerar algunas termina:

«Finalmente, no tengo el derecho de callar un factor, que, en mi humilde opinión, ha sido decisivo: el hecho que Dios ha enviado a la Juventud Católica Masculina de Chile a un asesor nacional simplemente ideal para su misión trascendental de jefe espiritual, de asesor - alma y de sacerdote modelo para los jóvenes, también en lo puramente humano.

Además tuvo el gran consuelo de ver entre los frutos de su profunda acción espiritual entre los jóvenes, el ingreso de varios de ellos (entre los cuales el presidente y tesorero de la Junta Nacional de los Jóvenes Católicos) a su querida Compañía de Jesús.

Tres años antes (mayo 1942) escribió su opúsculo sobre CINE Y MORAL y su libro PUNTOS DE EDUCACION, en el que fue ayudado por varios de los jóvenes, que ya eran jesuitas, gracias a su influjo y dirección.

 
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