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El
Hogar de Cristo
Dentro
de la Providencia de Dios que, a juicio de muchos, se mostró muy
visible, en este caso, un fruto indirecto de esta dura prueba fue la Obra,
que tal vez o sin duda, más nombre y estima le atrajo: el HOGAR
DE CRISTO.
Casi simultáneamente con su renuncia y retiro de la Asesoría
Nacional de la Juventud Católica, el mismo año 1944, el
19 de Octubre, tuvo lo que todos consideran una clara inspiración
del Espíritu Santo: emprender una obra y cruzada evangélica
de caridad. Su corazón naturalmente sensible, sufría y se
llenaba de santa indignación al ver la miseria de tantos compatriotas
y hermanos, que, privados de un techo y de un abrigo, habían de
pasar las noches, incluso las frías de invierno, a la intemperie,
y su alma de apóstol y amante de Jesucristo veía en ellos,
como espíritu de fe, a ese mismo Jesucristo que predicó
con su palabra ejemplo el precepto del amor. Ese noble y cristiano grito
del apóstol, enamorado de Jesucristo, lanzado ante un grupo de
señoras, a quienes predicaba en un Retiro, despertó o avivó
en este mismo sentimiento: este fue el día de la Concepción
del Hogar de Cristo.
Ese día se entregaron las primeras donaciones y las primeras promesas.
Artículos del Padre en los diarios y revistas, escritos el fuego
natural y sobrenatural de su corazón, las fueron multiplicando
e hicieron posible en brevísimo tiempo convertir en realidad sus
anhelos.
Inmediatamente abrió los hogares provisorios: para jóvenes,
en calle López (casa arrendada), y para mujeres y niños
en calle Tocornal.
Los grandes, amplios y aptos locales para las hospederías fueron
rápidamente construidos en calle Chorrillos; él disfrutaba
santamente al visitar en las noches sus dormitorios repletos de gente
necesitada y agradecida por el hospedaje.
De las hospederías pasó pronto a los hogares de niños,
pues vio que con ellos la obra de las hospederías era muy imperfecta
e ineficaz: durante el día perdían lo que por ellos podía
ganarse en las noches. El quería regenerarlos y habilitarlos para
una vida digna, cristiana y útil; quería restituir a la
sociedad a esos hermanos, privados, sin culpa de ellos, del calor de un
hogar y una familia, y rechazados injustamente por esa misma sociedad.
Vinieron los talleres, para regenerarlos por la instrucción y la
disciplina del trabajo; procuró, sobre todo, proporcionarles en
estos hogares el interés y afecto humano, cuya falta constituía
lo más duro de su existencia.
Y el Padre Hurtado no decía nunca "basta". Su alma y
corazón grandes seguían ampliando el campo de su evangélica
caridad. Como sería muy largo seguir todos sus pasos (por otra
parte es muy conocida la historia del Hogar de Cristo), terminaré
la breve mención de esta obra, que él dijo ser "el
conjunto de chilenos de corazón generoso", con la expresión
de los anhelos que sobre ella reveló al final del último
Saludo de Navidad, dictado por él mismo, en su lecho de enfermo,
poco antes de morir: «A medida que aparezcan las necesidades de
los pobres, que el Hogar de Cristo busque cómo ayudarlos como se
ayudaría al Maestro».
El quiso a su obra, de caridad evangélica, es decir, universal,
sin la menor acepción de personas o ideologías, buscando,
en todas sus secciones, la manera de servir y amar a todos los que "necesitasen"
de este servicio y de este amor.
Para fortalecer y asegurar en lo posible, este espíritu, eligió
del amplio grupo de sus colaboradores, un reducido grupo de señoras
con una misión especial: vida de oración y de abnegada entrega
a la obra y al servicio de los pobres, a lo que se obligarían con
promesas personales, similares - dentro de lo posible a su condición
y circunstancias- a los votos religiosos, y unió en lo que él
llamó Fraternidad Hogar de Cristo, cuyos estatutos aprobó
y firmó personalmente. Su acción fue muy eficaz, y aún
perduran sus efectos y su acción.
Algo semejante deseó y comenzó a formar entre los caballeros
cooperadores más allegados a la obra, pero que no llegó
a tener vida activa como institución.
Esta generosa colaboración de tantos hombres y mujeres en la Fundación
y marcha progresiva del Hogar, animada y estimulada por el ejemplo y dirección
del Padre, constituyó otro de los aspectos importantes del influjo
y acción santificadora del espíritu evangélico del
Padre Hurtado.
Ella lo sobrevive, y conforme al deseo del Padre, va adaptando y encauzando
sus esfuerzos a las necesidades que van apareciendo como mayores y más
urgentes. Su mismo ideal permanece: la atención de los más
necesitados.
Quisiera el Señor conservarle este espíritu que le infundió
su fundador. Ella es la que más hace recordar su nombre y su acción.
Ella es también la que constituye -a juicio de muchos- un milagro
patente debido a su intercesión.
Viajes
de Estudio y Renovación Apostólica
Para
conocer y estudiar obras similares, y profundizar y ampliar sus líneas
de apostolado, aceptó:
1°)Una invitación a los Estados Unidos, en 1945.
Durante su viaje y estada no dejó de mantenerse informado y consultado
sobre su Hogar, y a la vez de conservar el fuego sagrado del celo y entusiasmo
de su colaboradores de Chile en sus obras, y especialmente en su recién
nacido Hogar. Visitó y admiró entre otras instituciones
la famosa Ciudad del Niño, del P. O' Flanagan, y en general se
esforzó por penetrarse del espíritu de técnica y
organización, tan característicos de esa nación.
Dejó apuntes de sus impresiones y experiencias, y conservamos asimismo
apuntes de sus vivencias espirituales en las notas personales de los ejercicios
que hizo allá (se publicó en la revista Mensaje N° 211,
Agosto de 1972), una interesante meditación íntima, al contemplar
el estado real del mundo en que vivía: «COMO VIVIR LA VIDA»,
que es como un puro y noble reflejo y retrato de su alma, entusiasmada
y entregada al Señor íntegra y fervorosamente.
2°) Poco más tarde, en 1947, pidió él mismo,
modestamente, poder asistir a un Congreso de Jesuitas dedicados al apostolado
moderno, que tendría lugar en Versailles, al que eran invitadas
las personas más competentes en la materia en toda la Compañía
de Jesús.
En su breve petición decía: «¿Será mucha
audacia pedirle que piense si sería posible que asistiera este
servidor al Congreso de París?. Le confieso que lo deseo ardientemente,
porque me parece que me sería de mucho provecho para ver las nuevas
orientaciones sociales y de Acción Católica y congregaciones...
Si es audacia, rompa estas líneas sin mayores miramientos...».
Obtenido el permiso de su Provincial, fue en él una figura que
llamó la atención, por lo sincero, amplio y apostólico.
El organizador del Congreso, P. Bosc (que aún vive), escribió
agradecido, al Provincial de Chile, pues la actuación del Padre
había sido "bien marquée". Corrió el comentario
(según oí, pero no directamente), que algunos padres franceses
habían indicado al Padre como un posible futuro General de la Compañía.
El quedó muy complacido de su experiencia y entusiasmado para prolongar
su proyectada breve estada, visitando obras y actividades en otros países
y consultando las personas que lo podían ayudar.
Pedido y obtenido el permiso, permaneció en Europa hasta principios
de Enero del 48, visitando España, Italia, Bélgica, Holanda
y Alemania.
Para él este viaje constituyó una etapa importante en su
vida, por lo que rindió y proyectó para el futuro. De sus
múltiples y variadas actuaciones sólo recordaré:
a) En Francia, su visita prolongada (dos semanas) al Centro de Economía
y Humanismo, del P. Lebret, O. P.
(Después de su muerte, el P. Lebret remitió un informe altamente
elogioso sobre los temas tratados, y sobre todo de su impresión
personal al Padre).
b) De su estada en Roma:
1 ° Su audiencia con el Papa Pío XII, al que presentó
un informe o exposición de lo que él consideraba entonces
el estado real del catolicismo en Chile;
2° Sus variadas y prolongadas conversaciones con el R. P. General,
Juan B. Janssens, su antiguo rector de Lovaina, por quien tuvo siempre
gran estima y cariño.
Este trato directo y amistoso no sólo le dio el consuelo de recibir
una plena confirmación de su espíritu religioso y apostólico,
sino que lo animó fuertemente a realizar los nuevos planes que
tenía pensado para una acción social y sindical.
En los documentos originales conservados cuidadosamente, relata él
mismo las palabras de aliento y no sólo de bendición amplia
y confiada en su proyectada acción en ese terreno arduo, pero de
vital importancia, sino casi una orden. La decisión la dejó
en manos del Superior Provincial, pero su complacencia y voluntad estaban
claramente indicadas.
Inquietud
y apostolado social. La ASICH. 3 libros
Este
giro o inclinación de sus fuerzas humanas y apostólicas
a este campo, le ocupó gran parte del último tiempo de su
vida. Con gran esfuerzo ideó y organizó la ASICH (Asociación
Sindical Chilena), con la finalidad de «despertar en los obreros
cristianos la conciencia de sindicarse, y agrupar a los cristianos ya
sindicados, para que con plena formación luchen en el interior
de los sindicatos por la implantación del orden social cristiano...
Es ajena a toda política partidista y exclusivamente gremial...».
Uno de sus principales objetivos era la preparación y buena formación
de "dirigentes sindicales".
Por el carácter de la obra, encontró dificultades en la
obtención de los fondos necesarios para su establecimiento y organización,
pero luchó hasta hacerla marchar, con varias secciones y hasta
con su propia revista Tribuna Sindical.
En los documentos personales auténticos, dirigidos a su Superior
Provincial, explica él, brevemente, los fines y primeros logros
de su querida ASICH.
Esta obra significó también para el Padre el comienzo o
acrecentamiento de fuertes críticas, tachándolo de muy avanzado
y hasta de tendencias comunistas. La injusticia de los ataques le dolía,
pero no le impedía seguir adelante; por lo demás, la carta
de Monseñor Tardini, con la aprobación inicial de la Santa
Sede, y la amplia aprobación y bendición de su obra del
Cardenal Arzobispo de Santiago, Monseñor José María
Caro, le daban seguridad y estímulo necesarios.
Increíble parece, pero encontró tiempo no sólo para
estudiar el sindicalismo, sino para escribir acerca de él su libro
SINDICALISMO (Editorial del Pacífico, Santiago, 1950, 270 páginas).
Antes ya había escrito su excelente libro HUMANISMO SOCIAL (Editorial
Difusión, Santiago, Septiembre 1947, 320 páginas), en el
que expresa lo que su grande alma siente sobre la justicia y caridad cristianas.
Y un año después había publicado una amplia selección
de enseñanzas pontificias y pastorales episcopales acerca de la
Doctrina Social de la Iglesia, en dos volúmenes, con acotaciones
y nexos escritos por el Padre. EL ORDEN SOCIAL CRISTIANO, "Club de
Lectores" (Editorial Difusión, 2 vol., Julio y Agosto 1948,
534 y 282 páginas).
Estuvo preocupado hasta el último por el mantenimiento de esta
obra de promoción sindical. Veía difícil su base
y ayuda económica, pero necesaria, sobre todo en el período
de su organización y posible crecimiento; y por eso, estando él
ya
enfermo en la clínica, aceptó agradecido de algunos amigos
entre ellos don Daniel Sotta Barros y Ramón Venegas Carrasco, la
creación de una fundación destinada a ese objeto, que, en
su recuerdo y homenaje fue bautizada con el nombre de Fundación
Alberto Hurtado".
En medio de este cúmulo de actividades, tuvo aún otras adicionales
y relacionadas con ellas:
a) Asesoró al activo grupo y Asociación de Oficinistas;
b) Asesoró a la Asociación de Maestras;
c) Asimismo a un grupo grande de asistentes sociales. Estas tuvieron su
oficina propia dentro de los viejos pero amplios locales, que el Padre
había comprado y adaptado, frente a la iglesia y colegio de San
Ignacio (donde él vivía), para las oficinas de sus dos grandes
obras: el Hogar de Cristo y la ASICH, dos grandes hijas de un gran Padre,
una para promover la justicia social; la otra, la beneficencia y caridad
cristianas.
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