Biografía, El Padre Hurtado Apóstol de Jesucristo
por el P. Álvaro Lavín s.j.
05. Apostolado Social
 
     
 

El Hogar de Cristo

Dentro de la Providencia de Dios que, a juicio de muchos, se mostró muy visible, en este caso, un fruto indirecto de esta dura prueba fue la Obra, que tal vez o sin duda, más nombre y estima le atrajo: el HOGAR DE CRISTO.

Casi simultáneamente con su renuncia y retiro de la Asesoría Nacional de la Juventud Católica, el mismo año 1944, el 19 de Octubre, tuvo lo que todos consideran una clara inspiración del Espíritu Santo: emprender una obra y cruzada evangélica de caridad. Su corazón naturalmente sensible, sufría y se llenaba de santa indignación al ver la miseria de tantos compatriotas y hermanos, que, privados de un techo y de un abrigo, habían de pasar las noches, incluso las frías de invierno, a la intemperie, y su alma de apóstol y amante de Jesucristo veía en ellos, como espíritu de fe, a ese mismo Jesucristo que predicó con su palabra ejemplo el precepto del amor. Ese noble y cristiano grito del apóstol, enamorado de Jesucristo, lanzado ante un grupo de señoras, a quienes predicaba en un Retiro, despertó o avivó en este mismo sentimiento: este fue el día de la Concepción del Hogar de Cristo.

Ese día se entregaron las primeras donaciones y las primeras promesas. Artículos del Padre en los diarios y revistas, escritos el fuego natural y sobrenatural de su corazón, las fueron multiplicando e hicieron posible en brevísimo tiempo convertir en realidad sus anhelos.

Inmediatamente abrió los hogares provisorios: para jóvenes, en calle López (casa arrendada), y para mujeres y niños en calle Tocornal.

Los grandes, amplios y aptos locales para las hospederías fueron rápidamente construidos en calle Chorrillos; él disfrutaba santamente al visitar en las noches sus dormitorios repletos de gente necesitada y agradecida por el hospedaje.

De las hospederías pasó pronto a los hogares de niños, pues vio que con ellos la obra de las hospederías era muy imperfecta e ineficaz: durante el día perdían lo que por ellos podía ganarse en las noches. El quería regenerarlos y habilitarlos para una vida digna, cristiana y útil; quería restituir a la sociedad a esos hermanos, privados, sin culpa de ellos, del calor de un hogar y una familia, y rechazados injustamente por esa misma sociedad.

Vinieron los talleres, para regenerarlos por la instrucción y la disciplina del trabajo; procuró, sobre todo, proporcionarles en estos hogares el interés y afecto humano, cuya falta constituía lo más duro de su existencia.

Y el Padre Hurtado no decía nunca "basta". Su alma y corazón grandes seguían ampliando el campo de su evangélica caridad. Como sería muy largo seguir todos sus pasos (por otra parte es muy conocida la historia del Hogar de Cristo), terminaré la breve mención de esta obra, que él dijo ser "el conjunto de chilenos de corazón generoso", con la expresión de los anhelos que sobre ella reveló al final del último Saludo de Navidad, dictado por él mismo, en su lecho de enfermo, poco antes de morir: «A medida que aparezcan las necesidades de los pobres, que el Hogar de Cristo busque cómo ayudarlos como se ayudaría al Maestro».

El quiso a su obra, de caridad evangélica, es decir, universal, sin la menor acepción de personas o ideologías, buscando, en todas sus secciones, la manera de servir y amar a todos los que "necesitasen" de este servicio y de este amor.

Para fortalecer y asegurar en lo posible, este espíritu, eligió del amplio grupo de sus colaboradores, un reducido grupo de señoras con una misión especial: vida de oración y de abnegada entrega a la obra y al servicio de los pobres, a lo que se obligarían con promesas personales, similares - dentro de lo posible a su condición y circunstancias- a los votos religiosos, y unió en lo que él llamó Fraternidad Hogar de Cristo, cuyos estatutos aprobó y firmó personalmente. Su acción fue muy eficaz, y aún perduran sus efectos y su acción.

Algo semejante deseó y comenzó a formar entre los caballeros cooperadores más allegados a la obra, pero que no llegó a tener vida activa como institución.

Esta generosa colaboración de tantos hombres y mujeres en la Fundación y marcha progresiva del Hogar, animada y estimulada por el ejemplo y dirección del Padre, constituyó otro de los aspectos importantes del influjo y acción santificadora del espíritu evangélico del Padre Hurtado.

Ella lo sobrevive, y conforme al deseo del Padre, va adaptando y encauzando sus esfuerzos a las necesidades que van apareciendo como mayores y más urgentes. Su mismo ideal permanece: la atención de los más necesitados.

Quisiera el Señor conservarle este espíritu que le infundió su fundador. Ella es la que más hace recordar su nombre y su acción. Ella es también la que constituye -a juicio de muchos- un milagro patente debido a su intercesión.

Viajes de Estudio y Renovación Apostólica

Para conocer y estudiar obras similares, y profundizar y ampliar sus líneas de apostolado, aceptó:

1°)Una invitación a los Estados Unidos, en 1945.

Durante su viaje y estada no dejó de mantenerse informado y consultado sobre su Hogar, y a la vez de conservar el fuego sagrado del celo y entusiasmo de su colaboradores de Chile en sus obras, y especialmente en su recién nacido Hogar. Visitó y admiró entre otras instituciones la famosa Ciudad del Niño, del P. O' Flanagan, y en general se esforzó por penetrarse del espíritu de técnica y organización, tan característicos de esa nación.

Dejó apuntes de sus impresiones y experiencias, y conservamos asimismo apuntes de sus vivencias espirituales en las notas personales de los ejercicios que hizo allá (se publicó en la revista Mensaje N° 211, Agosto de 1972), una interesante meditación íntima, al contemplar el estado real del mundo en que vivía: «COMO VIVIR LA VIDA», que es como un puro y noble reflejo y retrato de su alma, entusiasmada y entregada al Señor íntegra y fervorosamente.

2°) Poco más tarde, en 1947, pidió él mismo, modestamente, poder asistir a un Congreso de Jesuitas dedicados al apostolado moderno, que tendría lugar en Versailles, al que eran invitadas las personas más competentes en la materia en toda la Compañía de Jesús.

En su breve petición decía: «¿Será mucha audacia pedirle que piense si sería posible que asistiera este servidor al Congreso de París?. Le confieso que lo deseo ardientemente, porque me parece que me sería de mucho provecho para ver las nuevas orientaciones sociales y de Acción Católica y congregaciones... Si es audacia, rompa estas líneas sin mayores miramientos...».

Obtenido el permiso de su Provincial, fue en él una figura que llamó la atención, por lo sincero, amplio y apostólico. El organizador del Congreso, P. Bosc (que aún vive), escribió agradecido, al Provincial de Chile, pues la actuación del Padre había sido "bien marquée". Corrió el comentario (según oí, pero no directamente), que algunos padres franceses habían indicado al Padre como un posible futuro General de la Compañía.

El quedó muy complacido de su experiencia y entusiasmado para prolongar su proyectada breve estada, visitando obras y actividades en otros países y consultando las personas que lo podían ayudar.

Pedido y obtenido el permiso, permaneció en Europa hasta principios de Enero del 48, visitando España, Italia, Bélgica, Holanda y Alemania.

Para él este viaje constituyó una etapa importante en su vida, por lo que rindió y proyectó para el futuro. De sus múltiples y variadas actuaciones sólo recordaré:

a) En Francia, su visita prolongada (dos semanas) al Centro de Economía y Humanismo, del P. Lebret, O. P.
(Después de su muerte, el P. Lebret remitió un informe altamente elogioso sobre los temas tratados, y sobre todo de su impresión personal al Padre).

b) De su estada en Roma:

1 ° Su audiencia con el Papa Pío XII, al que presentó un informe o exposición de lo que él consideraba entonces el estado real del catolicismo en Chile;

2° Sus variadas y prolongadas conversaciones con el R. P. General, Juan B. Janssens, su antiguo rector de Lovaina, por quien tuvo siempre gran estima y cariño.

Este trato directo y amistoso no sólo le dio el consuelo de recibir una plena confirmación de su espíritu religioso y apostólico, sino que lo animó fuertemente a realizar los nuevos planes que tenía pensado para una acción social y sindical.

En los documentos originales conservados cuidadosamente, relata él mismo las palabras de aliento y no sólo de bendición amplia y confiada en su proyectada acción en ese terreno arduo, pero de vital importancia, sino casi una orden. La decisión la dejó en manos del Superior Provincial, pero su complacencia y voluntad estaban claramente indicadas.

Inquietud y apostolado social. La ASICH. 3 libros

Este giro o inclinación de sus fuerzas humanas y apostólicas a este campo, le ocupó gran parte del último tiempo de su vida. Con gran esfuerzo ideó y organizó la ASICH (Asociación Sindical Chilena), con la finalidad de «despertar en los obreros cristianos la conciencia de sindicarse, y agrupar a los cristianos ya sindicados, para que con plena formación luchen en el interior de los sindicatos por la implantación del orden social cristiano... Es ajena a toda política partidista y exclusivamente gremial...». Uno de sus principales objetivos era la preparación y buena formación de "dirigentes sindicales".

Por el carácter de la obra, encontró dificultades en la obtención de los fondos necesarios para su establecimiento y organización, pero luchó hasta hacerla marchar, con varias secciones y hasta con su propia revista Tribuna Sindical.

En los documentos personales auténticos, dirigidos a su Superior Provincial, explica él, brevemente, los fines y primeros logros de su querida ASICH.

Esta obra significó también para el Padre el comienzo o acrecentamiento de fuertes críticas, tachándolo de muy avanzado y hasta de tendencias comunistas. La injusticia de los ataques le dolía, pero no le impedía seguir adelante; por lo demás, la carta de Monseñor Tardini, con la aprobación inicial de la Santa Sede, y la amplia aprobación y bendición de su obra del Cardenal Arzobispo de Santiago, Monseñor José María Caro, le daban seguridad y estímulo necesarios.

Increíble parece, pero encontró tiempo no sólo para estudiar el sindicalismo, sino para escribir acerca de él su libro SINDICALISMO (Editorial del Pacífico, Santiago, 1950, 270 páginas). Antes ya había escrito su excelente libro HUMANISMO SOCIAL (Editorial Difusión, Santiago, Septiembre 1947, 320 páginas), en el que expresa lo que su grande alma siente sobre la justicia y caridad cristianas. Y un año después había publicado una amplia selección de enseñanzas pontificias y pastorales episcopales acerca de la Doctrina Social de la Iglesia, en dos volúmenes, con acotaciones y nexos escritos por el Padre. EL ORDEN SOCIAL CRISTIANO, "Club de Lectores" (Editorial Difusión, 2 vol., Julio y Agosto 1948, 534 y 282 páginas).

Estuvo preocupado hasta el último por el mantenimiento de esta obra de promoción sindical. Veía difícil su base y ayuda económica, pero necesaria, sobre todo en el período de su organización y posible crecimiento; y por eso, estando él ya
enfermo en la clínica, aceptó agradecido de algunos amigos entre ellos don Daniel Sotta Barros y Ramón Venegas Carrasco, la creación de una fundación destinada a ese objeto, que, en su recuerdo y homenaje fue bautizada con el nombre de Fundación Alberto Hurtado".

En medio de este cúmulo de actividades, tuvo aún otras adicionales y relacionadas con ellas:

a) Asesoró al activo grupo y Asociación de Oficinistas;

b) Asesoró a la Asociación de Maestras;

c) Asimismo a un grupo grande de asistentes sociales. Estas tuvieron su oficina propia dentro de los viejos pero amplios locales, que el Padre había comprado y adaptado, frente a la iglesia y colegio de San Ignacio (donde él vivía), para las oficinas de sus dos grandes obras: el Hogar de Cristo y la ASICH, dos grandes hijas de un gran Padre, una para promover la justicia social; la otra, la beneficencia y caridad cristianas.

 
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