Una
manera que me ha dado ha sentir el Señor de enfocar el problema
de la vocación.
Yo sé Señor que lo único que rompe tu amistad para
conmigo es el pecado mortal; que el venial lo enfría, pero supuesta
la actitud generosa de dar a Dios Nuestro Señor todo lo que pueda
y tenga, conclusión del absoluto dominio de Dios sobre mí,
de la donación del ser que poseo por pura misericordia divina,
de la redención generosísima y de los innumerables dones
particulares, supuesto esto el hombre dice: tomad Señor y recibid...
yo os hago mi oblación de todo lo que soy y poseo, yo deseo dártelo
todo, servirte donde no haya restricción alguna en mi don total.
Yo veo que el estado religioso es la suma donación de los bienes,
placeres, libertad. Allí desearía yo servirte; la primera
tendencia de mi espíritu va allá, si no me manifiestas
mi voluntad apartándome allá voy yo generosamente con
toda mi alma y todo lo dejo por seguirte.
Sólo me apartaré de este propósito si veo que mis
pasiones son tan violentas que sería tentarte ir por un camino
de tanta pureza; Señor yo quisiera seguirte pero veo que en mi
corazón hay un deseo tan vehemente de completarse con otro ser,
de procrear... deseo que no puede sino venir de Ti, Tú me llamas
al matrimonio; Señor yo quisiera seguirte en la obediencia, pero
mi voluntad es tan rebelde...
Señor yo quisiera seguirte pero veo tan claramente el bien que
podría hacer como apóstol seglar, siento un tal deseo
de salvar a mis hermanos de taller... que veo que ese llamamiento no
puede venir sino de Ti; Señor quisiera... pero falta de inclinaciones;
Señor... pero falta de todo eso de la vida sacerdotal en mí
(s56y16).