Conferencia
para los jóvenes de la Acción Católica
El
tema de la vocación sacerdotal no puede ser de mayor importancia
para la Iglesia, dada la misión del sacerdote. Al sacerdote confió
Cristo la administración de sus sacramentos, que son en su Iglesia
el medio por excelencia y el camino ordinario de la efusión de
la Gracia. La celebración de la santa Misa, que es la renovación
en nuestros altares del sacrificio de la Cruz, el acto más excelente
que se realiza bajo los cielos, el acto que mayor gloria da al Padre,
más que todos los trabajos apostólicos, los sacrificios,
las oraciones... y este acto, el centro de la vida cristiana, sólo
puede ser realizado por los sacerdotes. La purificación de las
almas manchadas por el pecado ha sido confiada al sacerdote. En aquellos
países en que el sacerdote católico ha desaparecido la
Iglesia ha terminado por desaparecer...
El problema de la vocación sacerdotal es un problema cristiano
en todo el sentido de la palabra, que interesa no sólo a unos
cuantos escogidos, que podrían estudiar su vocación, sino
que es un problema de todos los cristianos: Problema de los padres que
quieran dar educación cristiana a sus hijos; problema de los
jóvenes que necesitan un guía en sus años difíciles,
para que los dirija en sus crisis de adolescencia; problema de los pobres
que han menester de un padre que se interese por sus necesidades; problema
de los que aspiran a formar un hogar, que necesitarán guías
de sus conciencias, directores espirituales; problema de los que no
tienen fe, problema que ellos no perciben, pero por eso es aún
más pavoroso, que necesitan de alguien que desinteresadamente
les tienda la mano; problema de los enfermos que buscarán en
vano quien les aliente a entrar serenos en la eternidad, y quien consuele
a sus parientes y amigos. Toda la vida cristiana está llena del
sacerdote, y todos debieran interesarse porque su número sea
cada vez mayor y, sobre todo, porque aumenten en espíritu.
Santos, pero también muchos, porque la actividad apostólica
de cada hombre tiene un límite, y una vez sobrepasado ese límite,
sus fuerzas no dan para más... y quedarán los demás
sin ningún auxilio en sus necesidades.