Meditación
de Semana Santa para jóvenes, escrita en 1946
1.
El hombre quiere vivir.
Anhelo profundo de nuestro espíritu, el más profundo es
vivir. Si uno ha conocido alguna belleza anhela seguir poseyéndola.
Los que se suicidan no es que odien la vida, sino la vida triste. Por
eso la naturaleza se resiste a morir. Cuesta morir, el hombre se defiende
«no pierde la esperanza». Y quienes creen que
el hombre muere, lloran la muerte, y llevan luto por la muerte. Porque
el hombre no quiere morir, sino vivir.
Sin embargo, ante nuestros ojos, ¡todo es muerte, separación
y dolor! Hay que ser muy joven o muy santo para no conocer el dolor!
«Parirás con dolor. Comerás el pan con el sudor
de tu frente. Cultivarás la tierra que te dará abrojos.
Tendrás enfermedades y miserias. Morirás...». El
niño nace llorando
el hombre se muere con gesto de supremo
dolor. Enfermedades ¿quién se escapa de alguna? En Chile
400.000 tuberculosos
Los reyes y los Presidentes se enferman
Y de la muerte, ¿quién se escapa?
Visitaba la fábrica Ford bajo el mando de Henri Ford II, católico:
Su padre acaba de morir, ¡en plena juventud! 300.000 obreros trabajan
para él y Henri II morirá
Su esposa, para que no
se ajara su vestido de novia, fue en un autobús al matrimonio,
el vestido ya se ajó, ella morirá
¡¡Sólo
su hermosa alma sobrevivirá!!
¿Ruinas económicas? La guerra las ha hecho tan comunes
que a nadie impresionan
Esas ciudades magníficas, gloria
del mundo: Ahora son un montón de ruinas. Esos hombres ricos
ayer, hoy vestidos de papel
Goering, Hess y el Emperador de Japón
en el lado de los vencidos. Mussolini y Hitler, ¡¡eran ayer
los amos de Europa!! Hablaban, mandaban, imperaban. Hoy ¿qué
son?
Las facultades cerebrales se gastan, disminuyen: la vista se acorta,
los oídos se endurecen: no perciben las armonías, los
ojos ya no se deleitan en los colores, los pies ya no pueden llevarlo
a las montañas
las ideas se oscurecen, ¡y las últimas
etapas de la escala de la vida el hombre las sube solo, triste, melancólico!
Después de mirar una vida en que ha habido mucho dolor, muchas
crisis, muchas desuniones, se piensa a veces en el fracaso. Se cree
en el amor y se ve a la policía en la casa para separar a los
hijos; se ha predicado la unión y se ve la disputa del trozo
de oro
¿Es esto vivir? ¿Puede acaso satisfacernos
una existencia así?
2. La grandeza de nuestro espíritu.
Nuestra alma es espiritual, creada por Dios a su imagen y semejanza.
Semejante en su naturaleza y semejante en sus tendencias: Con hambre
irresistible de bien, de bondad, de belleza, de verdad: Siempre pide
más y más.
Todo lo de aquí abajo lo cansa, no lo llena. Por más grande
que sea el amor, siempre le queda una apetencia para algo mayor. Por
eso que el hombre es el rey de la creación. Porque es el único
capaz de comprender y de tender a lo infinito. Vivir... recordar nuestro
destino. Lo infinito. Lo que no tiene límites en todo lo que
es perfección.
Dios: que es bello, más que el sol naciente; tierno, más
que el amor de una madre; que es cariñoso e íntimo, más
que el momento más de cielo en el amor; fuerte, robusto, magnífico
en su grandeza. Santo, santo, santo, sin mancha. ¿Qué
puedo yo soñar en el rapto más enloquecedor? Eso será
realidad en todo lo que tiene de belleza, y mucho más... ¿Comprensión,
ternura, intimidad, compañía?... ¡Sí, las
tendré y sin manchas!
Y la eternidad
no en sombra de segundos, o años de segundos,
para siempre. ¡¡Sin ocaso!! Vivir la eternidad. Mirar a
la eternidad en los momentos de depresión. Esto pasa... ¡¡Eso
no!! Esto es una hora, ¡¡aquello eterno!!
Mirar mi vida a la luz de la eternidad. Mis amores a la luz de la eternidad...
Mi profesión... el uso de mi tiempo... a la luz de la eternidad.
Los sacrificios que Dios me pida... Mi vida de estudios, el tiempo que
dé a las realidades tangibles, que son sombra de la realidad,
frente a la gran realidad, la eterna... ¿Qué tiene esto
que ver con la eternidad?
La santidad a la que Dios me llama, que me parece austera; la vida de
oración, las mortificaciones, mi apostolado, en el que me roe
el desaliento... a la luz de la eternidad... El apostolado que es «almas
para la eternidad», almas que sean felices por una eternidad,
librarlas de un incendio. La Acción Católica... el sacerdocio...
las misiones... La China, el Congo... Los Padres Jesuitas en el Congo,
¡el Padre Jogues y Brébeuf en Canadá! El Padre Damián
en la leprosería. Toda la santidad, a la luz de la eternidad:
¡¡Eso es vivir!!
Alegría, ¡y qué feliz se vive cuando se piensa en
lo eterno! Allí está mi morada
¿Dolores?
Pasan, pero la eternidad permanece. ¿Muerte? No, un hasta luego,
sí ¡hasta el cielo! ¡Hasta muy pronto!
¡Señor, qué pocos piensan así! ¡Qué
poco pienso yo así! Y sólo así se piensa en cristiano,
¡y toda otra visión de la vida es pagana! Pero esta visión
es imposible sin una vida de intensa oración, sin recogimiento,
sin meditación, pero cualquier sacrificio vale la pena por este
tesoro. El Reino de los cielos es semejante a un hombre que descubrió
un tesoro, y habiéndolo descubierto, ¡vendió todo
para comprar aquel campo! (cf. Mt 13,44). Venderlo todo. Es lo que han
hecho los santos, los mártires, es lo que hacen los cristianos
de verdad.
3. Lo que es la vida eterna.
La vida eterna es poseer a Dios
y llenar eternamente con nuevos
y nuevos aspectos mi inteligencia sedienta de verdad. No es mirar y
saciarme, sino penetrar y ahondar un libro inagotable, porque es infinito
y mi inteligencia permanece finita. Es un viaje infinitamente nuevo
y eternamente largo.
«¡Hoy estarás conmigo!», le dijo Jesucristo
al Ladrón (cf. Lc 23,43). No había para qué decirle:
en el paraíso, porque estar con Jesucristo es el Paraíso.
¡Jesucristo! El corazón más noble, el amigo por
excelencia, en el cielo, junto a mí, será mi amigo. ¡Vivir,
es vivir con Él!
Los seres amados en Cristo, serán poseídos en Él
también en el cielo. En el momento de la muerte, la ausencia
estará terminada: Vivir, conversar, mirarse, unirse... sin que
nada los separe porque ambos amarán lo mismo, verán las
cosas en la misma forma, no habrá el temor de una incomprensión,
y nada, ni la muerte, que no existirá, ni el cansancio, ¡¡ni
el sueño vendrá a turbar este amor que será eterno!!
¡Vivir! ¡Esto es vivir! ¡Señor que yo realice
la verdad, para que llegue a tu luz!, luz indefectible, luz alegre,
luz verdadera, ¡¡luz que es vida!!
¡Señor yo quiero creer! para llegar a amar
Señor yo quiero creer, para poder alcanzar
Señor yo quiero creer, porque quiero vivir, tu vida, contigo.
Con Jesucristo mi amigo, con mi Madre María,
con mis seres queridos, con tus Ángeles y Santos
Por siempre jamás. Amén. Amén. Amén.