Meditación
del Reino, del retiro de Semana Santa para jóvenes de 1946
Cristo
vino a este mundo no para hacer una obra solo, sino con nosotros, con
todos nosotros, para ser la cabeza de un gran cuerpo cuyas células
vivas, libres, activas, somos nosotros. Todos estamos llamados a estar
incorporados en Él, ese es el grado básico de la vida
cristiana... Pero para otros hay llamados más altos: a entregarse
a Él; a ser sólo para Él; a hacerlo norma de su
inteligencia, a considerarlo, en cada una de sus acciones, a seguirlo
en sus empresas, más aun, ¡¡a hacer de su vida la
empresa de Cristo!! Para el marino, su vida es el mar; para el soldado,
el ejército; para la enfermera, el hospital; para el agricultor,
el campo; para el alma generosa, ¡¡su vida es la empresa
de Cristo!!
Esto es lo esencial del llamamiento de Cristo: ¿Quisieras consagrarme
tu vida? ¡No es problema de pecado! ¡Es problema de consagración!
¿A qué? A la santidad personal y al apostolado. Santidad
personal que ha de ir calcada por la santidad de Cristo.
Si Él te llamara, ¿qué harías?... Quisiera
que lo pensaras a fondo, porque esto es lo esencial de los retiros espirituales.
Los retiros son un llamado a fondo a la generosidad. No se mueven por
temor, ¡no se trata de asustar! Recuerdan los mandamientos, porque
no pueden menos que recordarlos. Los mandamientos son la base, el cimiento
para toda construcción, porque son la voluntad de Dios obligatoria...
Pero no son más que los cimientos, y no se vive en los cimientos,
no hay hermosura en los cimientos... Los retiros son para almas que
quieran subir, y mientras más arriba mejor; son para quienes
han entendido qué significa Amar, y que el cristianismo es amor,
que el mandamiento grande por excelencia es el del amor.
La prueba de la fe es el amor, amor heroico, y el heroísmo no
es obligatorio. El sacerdocio, las misiones, las obras de caridad
no son materia de obligaciones, de pecado, son absolutamente necesarias
para la Iglesia y son obra de la generosidad. El día que no haya
sacerdotes no habrá sacramentos, y el sacerdocio no es obligatorio;
el día que no haya misioneros, no avanzará la fe, y las
misiones no son obligatorias; el día que no haya quienes cuiden
a los leprosos y a los pobres no habrá el testimonio distintivo
de Cristo, y esas obras no son obligatorias... El día que no
haya santos, no habrá Iglesia y la santidad no es obligatoria.
¡Qué grande es esta idea! ¡La Iglesia no vive del
cumplimiento del deber, sino de la generosidad de sus fieles!
Si Él te llamara, ¿qué le dirías? ¿En
qué disposición estás? ¡¡Pide, ruega
estar en la mejor!! San Ignacio pide al que entra en Ejercicios: ¡Grande
ánimo y liberalidad para con Dios Nuestro Señor! ¡¡Querer
afectarse y entregarse enteros!!
Señor, si en nuestro atribulado siglo XX, que viene saliendo
de esta horrenda carnicería: campos de concentración,
deportaciones, bombardeos, que trabajó afanosamente por matar
con armas mil veces peores, que se despedazan por poseer más,
por más negocios, más confort, más honras,
menos dolor; si en este mundo del siglo XX, una generación comprendiese
su misión y quisiera dar testimonio del Cristo en que cree, no
sólo con gritos que nada significan de Cristo vence, Cristo reina,
Cristo impera... ¿Dónde?, sino en la ofrenda humilde,
silenciosa de sus vidas, para hacerlo reinar por los caminos en que
Cristo quiere reinar: en su pobreza, mansedumbre, humillación,
en sus dolores, en su oración, ¡¡en su caridad humilde
y abnegada!!
¡Si Cristo encontrara esa generación! Si Cristo encontrara
uno... ¿querrás ser tú?, el más humilde.
El más inútil a los ojos del mundo, puede ser el más
útil a los ojos de Dios... Yo, Señor, nada valgo... pero
confuso, con temor y temblor, yo te ofrezco mi propio corazón.
El Señor entró a Jerusalén el día de su
triunfo en un asno, y sigue fiel a esa su práctica, entra en
las almas de los asnos de buena voluntad, pobres, mansos, humildes.
¿Quieres ser el asno de Cristo? Cristo no me quiere engañar,
me precisa la empresa... Es difícil, bien difícil. Hay
que luchar contra las pasiones propias, que apetecen lo contrario de
su programa. ¡No estarán muertas de una vez para siempre,
sino que habrán de ir muriendo cada día!
Hay que luchar contra el ambiente: amigos, familia, mundo, atracciones...
todo parecerá levantarse escandalizado ante quienes pretendan,
con tal ejemplo, por más modestamente que se dé, señalar
su error. ¡Si me aman querrán darme lo que llaman
bienes! y librarme de exageraciones ridículas, pasadas de moda,
«que hacen más mal que bien...». ¿A qué
esas exageraciones? ¿Por qué no hacer como todos? Luchar
contra los escándalos... luchar contra los desalientos de la
empresa, el cansancio de la edad, la sequedad del espíritu, el
tedio, la fatiga, la monotonía... Sí, hay que luchar,
pero allí estoy Yo. Tened confianza en Mí, Yo he vencido
al mundo. Mi yugo es suave y mi carga ligera... Venid a Mí los
que estáis trabajados y cargados y Yo os aliviaré...
El que tenga sed, venga a Mí y beba. ¡¡Yo haré
brotar en él una fuente que brota hasta la vida eterna!! (Jn
16,33; Mt 11,30.29; Jn 7,3738).
Necesito de ti... No te obligo, pero necesito de ti para realizar mis
planes de amor. Si tú no vienes, una obra quedará
sin hacerse que tú, sólo tú puedes realizar. Nadie
puede tomar esa obra, porque cada uno tiene su parte de bien que realizar.
Mira el mundo; los campos cómo amarillean, cuánta hambre,
cuánta sed en el mundo. Mira cómo me buscan a mí,
incluso cuando se me persigue... Hay un hambre ardiente, atormentadora
de justicia, de honradez, de respeto a la persona; una voluntad resuelta
a hacer saltar el mundo con tal que terminen explotaciones vergonzosas;
hay gentes, entre los que se llaman mis enemigos, que practican por
odio lo que enseño por amor... Hay un hambre en muchos de
Religión, de espíritu, de confianza, de sentido de
la vida.
¿Difícil? ¡Sí! El mundo no lo comprenderá...
Se burlará... Dirá: ¡exageraciones! ¡Que se
ha vuelto loco! De Jesús se dijo que estaba loco, se le vistió
loco, se le acusó de endemoniado... y finalmente se le crucificó.
Y si Cristo viniera hoy a la tierra, horror me da pensarlo, no sería
crucificado pero sería fusilado. Si viniera a Chile... se levantaría
una sedición en su contra ¿de quiénes? ¿Qué
se diría contra Él en la prensa, en las Cátedras?
¿Quiénes hablarían? Dios quiera que nosotros no
formáramos parte del coro de sus acusadores, ni de los que lo
fusilaran. ¿Difícil? ¡Sí! Pero aquí,
sólo aquí, reside la vida.
En la gran obra de Cristo todos tenemos un sitio; distinto para cada
uno, pero un sitio en el plano de la santidad. En la cadena de la gracia
que Dios destina a la bondad. ¡Yo estoy llamado a ser un eslabón!
Puedo serlo, puedo rechazar, ¿qué haré? La respuesta:
Plantearme este problema a fondo ¡y responder con seriedad!
La respuesta de los jóvenes
Muchos no tendrán el valor de planteárselo. Será
superior a sus fuerzas pero, ¿si pensaran en las fuerzas de Cristo?
Si pensaran que con Cristo, ellos también podrían ser
santos. ¡Que no se refugien en la cobardía del puro deber!
Otros darán la limosna de algo. ¡¡Algo es!! Peor
sería nada. ¡Pero no es eso lo que Cristo pide! No hay
que ofrecer otra cosa, insistiendo que es buena, cuando Cristo pide
otra mejor: La voluntad de Dios única y sola.
Los tesoros son los generosos, los que se entregan y afectan, y para
estar seguros de hacer la voluntad del Señor, «actuando
contra su sensibilidad» abrazan lo más difícil en
espíritu, lo piden, lo suplican les sea concedido... y sólo
dejarán aquellas donaciones si el Señor les muestra su
camino en terreno más suave. Pero en cuanto de su parte, ¡a
aquello van!