Carta
dictada en la Clínica de la Universidad Católica, cuatro
días antes de morir, en agosto de 1952
Al
dar mi último saludo de Navidad, quisiera darles las gracias
a todos los amigos conocidos y desconocidos que, de muy lejos a veces,
han ayudado a esta obra de simple caridad de Evangelio, que es el Hogar
de Cristo.
Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último
anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto
al pobre, porque el pobre es Cristo. "Lo que hiciereis al más
pequeñito, a mí me lo hacéis" (Mt 25,40).
El Hogar de Cristo, fiel a su ideal de buscar a los más pobres
y abandonados para llenarlos de amor fraterno, ha continuado con sus
Hospederías de hombres y mujeres, para que aquellos que no tienen
donde acudir, encuentren una mano amiga que los reciba.
Los niños vagos, recogidos uno a uno en las frías noches
de invierno, han llenado la capacidad del Hogar. 5.000 vagan por Santiago...
¡Si pudiéramos recogerlos a todos... y darles educación...!
Para ello, un nuevo pabellón se está construyendo con
capacidad para 150 niños, el cual les ofrecerá las comodidades
necesarias para una labor educacional seria.
Los Talleres de carpintería, gasfitería, hojalatería,
enseñan un oficio a estos hijos del Hogar de Cristo. Nuevos talleres,
Dios mediante, de mecánica, imprenta, encuadernación,
ampararán la labor de los actuales.
Las niñas vagas, ayer inexistentes, son hoy una triste realidad.
400 hay fichadas por Carabineros. ¡Cuántas más existen
que, envueltas en miseria y dolor, van cayendo física y moralmente!
Un hogar se abrirá en breve para ellas.
La Casa de Educación Familiar, del Hogar de Cristo, la cual está
ya terminada, las capacitará para sus deberes de madre y esposa
con sus cursos de cocina, lavado, costura, puericultura, etc., prestando
esta misma Casa un servicio a todo el barrio.
Los ancianos tendrán también su Hogar, es decir, el afecto
y cariño que no les puede brindar un asilo. Para ellos quisiéramos
que la tarde de sus vidas sea menos dura y triste. ¿No habrá
corazones generosos que nos ayuden a realizar este anhelo?
A medida que aparezcan las necesidades y dolores de los pobres, que
el Hogar de Cristo, que es el conjunto anónimo de chilenos de
corazón generoso, busquen cómo ayudarlos como se ayudaría
al Maestro.
Al desearles a todos y a cada uno en particular una feliz Navidad, os
confío en nombre de Dios, a los pobrecitos.
Alberto Hurtado Cruchaga, s.j., Capellán.