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A2 Hay que tener enorme obstinación. Y no menos adaptabilidad. Hacer una
obra grande con medios pequeños, con piedras desiguales, con piedras
vivas, redondas, duras, blandas, con los hombres que están cerca de mí,
con los genios, que cada día hacen problemas a propósito de todo, los
hombres de rutina, que quisieran que todo fuera sobre rieles, los
activos, que cada día quieren una obra más, los cansados, que encuentran
que se hace demasiado, los salvajes, a quienes no interesa el trabajo en
equipo.
A2 La autoridad que se considera como poder con derecho a mandar, no es
autoridad verdaderamente cristiana. Como es siempre representación de
Aquel que la ha dado, tiene que ser ejercida como servicio y como
responsabilidad frente a los hermanos; por tanto no como dominio. El
espíritu de hermano le quita la aspereza inherente a una institución
impersonal y puramente objetiva.
A2 La gracia de María es gracia funcional: toda gracia es funcional, en
provecho de todos los demás, justos y pecadores. No se trata de honores
sino de funciones.
A2 Lo primero, amar a la niñez, porque ¿qué es el catequista? Otro
Cristo...Este amor sobrenatural a los niños, y a los jóvenes es el
secreto de la enseñanza y dirección espiritual. Una buena clase algo
hace, pero para que el fruto sea completo los chicos han de ver en el
sacerdote a su madre, los mayorcitos a su padre y los jóvenes a su
hermano mayor.
A2 No basta declamar contra los malos espectáculos, contra los cantos
lascivos, contra las lecturas pornográficas sino que hay que ofrecer más
bellos espectáculos, cantos más hermosos, lecturas más interesantes.
A2 Servir: el placer de servir. Que cada uno se haga un deber de su vida
servir. Servicios organizados: arquitecto, médico, abogados... que donde
quiera hayan católicos haya servicios... esto como la tradición de
nuestra fe. Sirvo yo ¿a quién?
A2 Servirse de las riquezas y no servirlas.
A2 Transformar nuestra vida diaria en apostolado; que nuestro día sea
una Misa prolongada.
A2 ¡Un hermano mío se puede perder!, Condenar, ¿y yo tranquilo?
A2 Y, no lo olvidemos, queramos o no... Tenemos un destino eterno, y de
mí depende que muchos vayan o no vayan. Un alma de apóstol que quiera
tener la inmensa labor de transformar espiritualmente esa ciudad en que
vivimos.
A7 La misión del apóstol se puede comparar a la de aquel hombre que en
una ciudad sitiada por el enemigo y a punto de perecer de sed sus
habitantes, se encuentra dueño de la vida o de la muerte de sus
habitantes. Él conoce una corriente de aguas subterráneas que puede
salvar sus hermanos; es necesario un esfuerzo para ponerla a
descubierto. Si él se rehúsa ese esfuerzo perecerán sus compañeros ¿se
negará al sacrificio?
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