Confianza, Abandono en Dios  
     
  C4 Acordémonos que Jesús es siempre el mismo: ayer, hoy y siempre. Vamos a su corazón herido por la lanza y dejemos caer en Él el fardo de nuestras culpas. Tengamos confianza, inquebrantable confianza en que su amor infinito es más fuerte que todas nuestras miserias, que todos nuestros crímenes.

C4 Aquel que desconfíe totalmente de sí y ponga toda su confianza en Mí será omnipotente.

C4 La Providencia no se ha comprometido a reparar todos los defectos del hombre: enrielar un tren que corre demasiado a prisa, sostener una escalera demasiado llena de gente... No es una compañía de seguros. La Providencia deja obrar las causas segundas. Pero eso sí, todo lo que suceda a una persona que se fía en manos de Dios contribuirá a su bien, al gran bien, al supremo bien moral de su vida.

C4 No aferrarme al tiempo porque me caigo con él. Aferrarme sólo a lo que es eterno, a lo que no muere.

C4 Si no tenemos resultados mayores en la obra de la Iglesia ¿no será por que somos cobardes y lo somos en la medida en que no contamos sino con nuestras propias fuerzas? Nuestro socio Dios ¡Nosotros! No yo ¡Nosotros! Nosotros en manos de Dios, tomados por Dios.

C4 Vale más la mitad con Nuestro Señor que todo sin Él.

C4 Virilidad y alegría ¡cuánta falta hacen en nuestro tiempo! Ambos conceptos van íntimamente unidos. No es bien hombre quien no sabe estar alegre, quien no se sobrepone a las pesadumbres habituales de la vida y las vence con su optimismo lleno de fe y confianza.

C4 Y buscar la paz en la amistad de Aquel que aunque todo el mundo nos abandone no nos abandonará.

C4 Y todo esto se realiza en el medio de una noche obscura, la noche de la nada de lo que no es Dios. Dios está presente en todas partes en este vacío. El alma con frecuencia está sola, desamparada, en pleno combate, en medio de las mayores dificultades, como perdida en la noche. Y con todo, en última punta de su alma, ella permanece tranquila delante de Dios, por encima de las cosas, por su adhesión ya del todo espontánea, ya en tensión al acto puro, más allá de las tinieblas, que es tiniebla.