Oración, Unión con Dios  
     
  O1 ¿Cómo puede hallar a Dios que se halla en el recogimiento, en la quietud, cuando toda la vida moderna es fiebre de acción: acción lucrativa o acción de diversión... pero todo es moverse, moverse, hasta llegar rendido a dormir para olvidar y no tener un rato para estar a solas consigo mismo.

O1 ¿Qué es la oración? Es la conversación del Hijo con su Padre. El Padre escucha al Hijo, es el Hijo que habla, yo como otro Cristo, tomo los labios de Cristo, si me arrodillo son las rodillas de Cristo, todo mi ser imita a Cristo en su esencia. El que ora no es un vulgar cualquiera, es el Hijo, Cristo el que habla a su Padre.

O1 Buscad siempre lo sólido en todo. Evitad la pérdida de tiempo en novenas y devociones exóticas, en detrimento de las virtudes sólidas; de la caridad, de la humildad, de la laboriosidad. Pero al mismo tiempo, no hay que condenar tales cosas, porque pueden ayudar a otros y también a cada uno. Muchos pecadores retienen una devoción a San Antonio o a la Virgen del Carmen. En esto, no está la vida de Cristo, pero peor es nada, y quien sabe si el Señor no va a atraerlos por estas devociones incidentales a la verdadera devoción, que consiste en la absorción del hombre en Cristo.

O1 Empezaremos a sentir la responsabilidad de la obra de Nuestro Señor: 16 horas cada día de conversación interior en plural me harán sentirme uno con Dios y que su obra es la mía. Este plural me ayudará a darme cuenta del plan de cooperación.

O1 En Cristo, la oración no era obstáculo a su deber, sino la preparación espiritual para la obra que se propuso.

O1 En la medida en que el hombre se aleja de su vida divina, se aleja también de sus más nobles y generosos sentimientos y valores humanos.

O1 En medio de tantas dificultades el apóstol ha de caminar recto, erguido, derecho, sin vacilaciones ni desmayos. ¿Quién lo guiará? ¿Le dirá en cada caso lo que ha de hacer? La oración, solo la oración. La prudencia carne enemiga de Dios. La oración es la única que da a conocer a Dios y los ideales divinos. De San Ignacio y primeros compañeros se dice que lo resolvían todo sencillamente, si la luz es en la Providencia de Dios. Esta luz de la oración. Moisés descendió luminosamente, así los hombres de oración.

O1 Jesús no nos separa de cuanto hace: Él es la viña y nosotros los sarmientos...

O1 Junto al tabernáculo he hallado la paz y el valor para subir las últimas gradas de la escala de la vida...

O1 La oración de petición es la fuerza más grande de que puede disponer el hombre.

O1 La oración es la respiración del alma religiosa, por eso el director no ha hecho nada si no ha enseñado a su discípulo a orar.

O1 La Religión es pues una escala radiante entre esta triste tierra y ese cielo radiante. El hombre sube. Dios baja. Y allí se encuentran.

O1 Nuestra alma es una casa, Dios quiere vivir en ella con la intimidad con que viven dos amigos; más aún con la que viven el esposo y la esposa.

O1 Nuestra alma ha de estar respecto a Dios como el hierro respecto al imán. Seguirlo donde quiera que vaya, como el esclavito fiel; o si preferimos como el amigo íntimo que sigue en todo la voluntad de su amigo, o como el hijo que sigue al Padre. Estar atentos en todo a conocer la voluntad del Señor. Esta disposición de entrega en manos del Señor, la primera disposición.

O1 Oración continua, meditación diaria, vida sacramental intensa, fervor tierno a la Madre del Amor Hermoso: sin esta vida de íntima unión con Cristo para resucitar cada día en nosotros su espíritu, para reavivar en nosotros la responsabilidad de su misión, nada se hará.

O1 Que todo se hunda menos mi oración.

O1 Silencio, oración, sacrificio... Dejarse penetrar del mundo de Dios. Empaparse de Dios como la esponja...¡En el silencio habla Dios al alma fiel...!¿Qué queremos oír de Dios? Saber su voluntad sobre nosotros, toda su voluntad, nada más que su voluntad. ¡deus meus ey omnia!. La generosidad de alma... Con mucho ánimo y libertad.

O1 Y entre estas obligaciones, las primeras las que se refieren a Dios. Saber encontrar tiempo para la oración; para una oración tranquila, sacrificar al sueño, o al descanso, sino hay otro deber ineludible lo que sea necesario para alimentar nuestra alma como la sagrada Comunión, con la Comunión cotidiana, si posible... con la santa Misa, ¡cuando se ha comprendido lo que es la Misa!