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S1 A nuestro tiempo no faltan palabras, ni libros... sobre todo en los
ministros sagrados faltan ejemplos que arrastren. Nos falta al
sacerdocio el ejemplo que edifica y arrastra.
S1 Amor, dolor, alegría, he ahí el fondo del alma sacerdotal. No uno
solo de estos elementos, sino los tres unidos en rara paradoja en el
ideal pascual se encuentran en el corazón del sacerdote.
S1 El Hombre - Dios elevó en el sacerdocio a la humanidad, sin cambiar
la humanidad del sacerdote.
S1 Cada sacerdote debe tener un alto ideal, ideal radical de la defensa
incondicional de los derechos de Cristo y de la Iglesia. Y si no lo
tiene así es sal insípida.
S1 Desgraciado el sacerdote que se contente con hablar de fraternidad y
no entusiasme por Cristo. No podrá formar apóstoles ni sostener a los
formadores.
S1 El sacerdote contrae con Cristo una nueva unión mística. Esto quiere
decir que él, el sacrificador, será también de modo especial un
sacrificado.
S1 El sacerdote ha de estar abierto a todas las inquietudes del espíritu
humano: literatura, arte, historia, filosofía, finanzas, teatro,
deporte, poesía... Debe estar abierto a la vida y a todas sus
manifestaciones porque debe santificarlas todas.
S1 El sacerdote no puede descansar en una perfección aparente. Su
herencia es una perpetua inquietud de Dios, el no poder sentirse nunca
maduro. Lleva incurablemente una tendencia hacia lo alto, el impulso a
lo perfecto. Un nuevo ritmo late en su alma, un nuevo sentimiento vital
lo penetra. Su respiración no es la corta respiración del hombre de
acción: extrae su más profunda fuerza, pero también su más secreta
angustia de otro mundo con el cual está unido por la fe, esperanza y
caridad.
S1 El Sacerdote pone cada día al Señor en estado de víctima y la más
humillante ¿y él va a andar buscando comodidades, honrillas, bienestar?
S1 El sacerdote que ama a sus jóvenes hace bien en sus almas, incluso
cuando ha muerto. Sus facciones de bondad siguen actuando, incluso
cuando ha desaparecido. Recordemos cada uno aquellos que así fueron con
nosotros... En la historia de las conversiones más que la influencia de
las doctrinas fue la influencia de una persona consagrada enteramente a
servirlos.
S1 El símbolo de todo párroco y de todo cristiano debería ser la gallina
abriendo sus alas para cobijarlos a todos, lo que Cristo reclamó para
sí.
S1 Hacer en Cristo la unidad de mis amores: riqueza inmensa de las almas
plenamente en la luz, y las de otras, como la mía en luz y en tinieblas.
Todo esto en mí como una ofrenda, como un don, que revienta el pecho;
movimiento de Cristo en mi interior que despierta y aviva mi caridad,
movimiento de la humanidad, por mí hacia Cristo. ¡Eso es ser sacerdote!
S1 La ciencia y la piedad son los ojos espirituales del sacerdote. El
que carece de uno, tuerto; el que de ambos, ciego.
S1 La fuente de aguas ha brotado en la tierra árida, pero hay que
llevarla a cada alma, y regar con ella cada planta para que florezca la
santidad... Y ésta es la misión del Sacerdote: Con profundo temblor lo
confieso, la más grande, la más sublime, la más necesaria misión que
existe sobre la tierra.
S1 La misión apostólica es la vida misma del sacerdote: para los demás
cristianos acontece que su vida tiene muchas preocupaciones, y una de
ellas es la preocupación apostólica
S1 La oración es la respiración del alma religiosa, por eso el director
no ha hecho nada si no ha enseñado a su discípulo a orar.
S1 La verdadera dirección espiritual no disminuye la libertad del alma,
antes bien la estimula y la robustece. El buen director sabe que Dios
traza el camino de cada alma, y no él.
S1 La visión del cristiano es la caridad, la misión social del sacerdote
es la de ser Salvador.
S1 La vocación es una elección gratuita de Dios. No basta ser una
persona virtuosa para pensar que sus virtudes han de terminar
necesariamente en el sacerdocio.
S1 Muchos tienen la tentación de identificar al sacerdote con un
militante; solo ven su papel de actividad y no su misión en la ofrenda
del sacrificio.
S1 No existe ningún otro estado ni profesión en la que todo dependa
tanto del hombre y de su persona como el sacerdote. Aquí el ser humano
su actuación ejerce más influjo que su palabra. No hay otra profesión en
que se exija una identidad tan substancial entre profesión y vida como
en el sacerdocio.
S1 No podemos desentendernos de este mundo y sus problemas, pero el
Reino de Cristo no es de este mundo, y nuestra misión sacerdotal es
ciertamente acelerar el reino de Dios.
S1 Nuestra misión sacerdotal es ser sal: reflectores, directores... Lo
seremos si queremos, si dispuestos a irradiar a Cristo. Tomarse el
corazón con las dos manos para ser plenamente sacerdotes las 24 horas si
dispuestos a negarse comodidades, honras, dinero, tiempo, salud... a
rematar la casa... a estudiar, a recibir, a orar a abrir las puertas de
la casa.
S1 Para que el sacerdote pueda llevar los obreros a Cristo no hay más
que un medio: que ese sacerdote esté muy cerca de Cristo y muy cerca de
los obreros para encontrar, no en un libro sino en su corazón las
palabras que harán bien; que apaciguarán y justificarán.
S1 Pensad, vosotros, en el honor insigne que significa SER SACERDOTE. El
mundo necesita Sacerdotes apóstoles. Chile necesita muchos y santos
Sacerdotes. Los malos necesitan al Sacerdote salvador de sus almas. Los
buenos al amigo y confidente. La Acción Católica al Asesor comprensivo.
S1 Roguemos al Señor de la mies que envíe operarios a su mies, pues, la
mies hoy más que nunca es mucha y los operarios pocos.
S1 Pero el sacerdote ¿no es un pecador? ¿Cómo puede predicar la Palabra
de Dios? Ha de predicar como luchador, como quien se esfuerza
honradamente por practicar lo que enseña, como quien cae y se levanta y
necesita de la Gracia...
S1 Pero la realidad... Los primeros pasos en el ministerio son
difíciles. El programa cargado, absorbente. A veces un fracaso
entristece la tarde. Los amigos sobre los cuales se había contado,
absortos por sus ocupaciones no están a nuestro lado. Los hermanos
mayores no nos comprenden. Nos parece raro que no se preocupen de
nuestros asuntos, sin acordarnos que nosotros no nos ocupamos de los
suyos. Nuestros éxitos ¿no levantan alguna envidia? Los superiores a
veces demasiado cerrados no nos alientan paternalmente y nos privan de
su experiencia. Y hasta el mismo Dios parece quitarnos sus luces y
consuelos...
S1 Se hace sacerdote para responder a este llamado de Salvador, y llegar
a ser un colaborador en la obra de la Redención, en unión íntima con Él;
y, en cuanto lo permita la humana fragilidad, con el mismo espíritu que
Él.
S1 Si le negamos el pan, no desciende Cristo a la Eucaristía, si le
negamos nuestros labios tampoco se transubstancia, no perdona los
pecados, si le negamos el agua no desciende al pecho del niño llamado a
ser tabernáculo, si le negamos nuestro trabajo los pecadores no se hacen
justos, los moribundos ¿dónde irán al morir en su pecado porque no hubo
quien les mostrara el camino del cielo...?
S1 Si los soldados saben embriagarse de patriotismo y morir por su
ideal, si los comunistas mueren por el suyo, ¿seremos nosotros los
sacerdotes, oficiales del cuerpo de Cristo, los únicos que no sabemos
luchar a muerte por nuestro ideal?
S1 Si no hay sacerdotes, no hay sacramentos, si no hay sacramentos no
hay gracia, si no hay gracia, no hay cielo y aun en esta vida el odio
será la amargura de un amor que no pudo orientarse porque falto el
ministro del amor que es el sacerdote. Que nuestros jóvenes conscientes
de su fe, que es generosidad, conscientes de su amor a Cristo y a sus
hermanos no titubeen en decir que sí al Señor que, porque ama a Chile ha
de suscribir en nuestra Patria muchas y santas vocaciones... (España...)
S1 Un sacerdote culto de nuestros días debe conocer además de las obras
clásicas católicas, la literatura de su nación, los grandes pensadores
contemporáneos. Tiene que predicar el Evangelio no en el lenguaje del
pasado, sino en el de su año.
S1 Un teólogo fuertísimo en su ciencia pero que no habla al hombre como
hombre, y no la posee como sacerdote lleno del espíritu del Evangelio no
logrará llegar al hombre.
S1 Y el sacerdote que quiera santificarse no busca las riquezas; No
busca la paga; No mide los ministerios por los estipendios; no clasifica
las parroquias por la renta... sino que busca únicamente a Cristo y sus
almas.
S1 Y ese amor a Cristo, esa preferencia voluntaria y real de Cristo como
bien supremo de la vida está en el fondo de toda vocación sacerdotal.
S1 Y luego, jóvenes católicos, no puedo silenciarlo: en este momento
falta formación, porque faltan sacerdotes.
S1 Ser sacerdote es no hacer ninguna obra que sea personal en su
principio, es llegar a ser, por el llamado de Jesucristo, su asociado,
su lugarteniente, el participante en su sacerdocio; es entregar a Él el
cuerpo y el alma, para que Él continúe, por medio de este cuerpo y esta
alma, bendiciendo, purificando, salvando, obrando, como lo hizo cuando
estuvo en la tierra.
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