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T1 ¡Que estéril es la enseñanza de la Teología en una boca cuando no
hablan también con ella el corazón, el alma y el espíritu! Para que la
Palabra produzca vida debe antes hacerse ella misma "carne" en el
corazón del que hable.
T1 Cristo no es un modelo que haya bajado del cielo para servir de
argumento a Leonardo da Vinci, ni a Rafael para que sus cuadros
hermoseen los salones, ni subió a la cruz para que su imagen de marfil o
de bronce adorne un dormitorio; ni envió apóstoles para encantarnos con
su elocuencia; vino a reclamar nuestras vidas para elevarlas hasta Dios,
sea que las entreguemos gota a gota en el curso de una larga existencia,
o que un día nos llegue la ocasión de mostrar que no somos cristianos de
parada.
T1 El método del mundo moderno tenemos que aceptarlo: menos hablar y más
vivir.
T1 El mundo no se convertirá a Cristo sino cuando vea en nosotros por lo
menos tanto heroísmo como el que tienen los otros que disputan las almas
de los hombres.
T1 El mundo volverá a Cristo cuando vea en nosotros ese desborde de
caridad.
T1 En la gestación de este nuevo mundo una inmensa responsabilidad cae
sobre el cristianismo. Somos nosotros los depositarios de la verdad, los
portadores de la luz, los que poseemos la vida. Y si nuestra verdad no
se manifiesta, si nuestra luz no alumbra, nueva vida no enciende otras
vidas, la culpa será nuestra exclusivamente nuestra. Vosotros los que
tenéis la luz ¿qué habéis hecho de la luz? se nos podrá preguntar con
trágica amargura...
T1 Ha pasado el tiempo de la palabra. La Iglesia no necesita
demostradores, sino testigos; apóstoles y no conferenciantes. No es
tiempo ya de probar que Dios existe. Ha sonado la hora de dar la vida
por Jesucristo.
T1 Hoy sólo se cree al testimonio vivo de la vida, al testimonio amoroso
del amor, al testimonio fuerte de la fortaleza, al testimonio lleno de
optimismo de la esperanza.
T1 Los apóstoles pueden decir como nadie: nosotros somos el tiempo; lo
que seamos nosotros eso será la cristiandad de nuestra época. ¡Horrible
responsabilidad! Al apóstol le tocará revelar en su carne mortal la vida
de su Maestro para la salvación de las almas... De esa revelación
¡cuántos destinos hay pendientes con proyecciones de eternidad!
T1 Queremos incendiar; tenemos antes que nada que incendiarnos nosotros
mismos; queremos iluminar antes que nada que ser luz; Queremos dar
sentido cristiano a la vida y ¿cómo lo daremos si no lo tenemos nosotros
mismos?
T1 Sólo el santo santifica; sólo la luz alumbra; sólo el amor calienta.
T1 Y esa es nuestra misión cristiana: Ser una luz cada día más
fulgurante, más pura, más atrayente que por amor al Padre, a ejemplo de
Cristo, en el Espíritu, se ofrezca a los hombres para que por nuestro
intermedio puedan conocer al Padre, por Cristo en el Espíritu.
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