Testimonios
01. Testimonio del Padre Damián Symon
 
     
 

«Le conocí cuando ya era universitario. Después de algunas entrevistas me pidió que le sirviera de director espiritual, y desde ese mismo instante empezó una amistad de confianza tan asidua que pasó a ser el casi compañero de todas mis labores espirituales. Tenía decidida su vocación sacerdotal y su ingreso a la Compañía de Jesús. Este punto era discutido por muchos de sus amigos eclesiásticos, pero jamás osciló sensiblemente ante el primer llamado del Señor, y sólo pude comprobar que día a día se iba solidificando más su vocación religiosa y sacerdotal como futuro jesuita. Buen cuidado tuve en no desviar jamás semejante vocación por muchos deseos que tuviera de conservarlo a mi lado».

«Las virtudes que fueron aflorando y solidificándose fueron deslumbradoras, sobre todo la que se refería a la caridad, pues apareció un celo incontenible, que había de moderar repetidamente para que no llegara a la exageración. No podía ver el dolor sin quererlo remediar, ni una necesidad cualquiera sin poner estudio para solucionarla. Vivía en un acto de amor a Dios que se traducía constantemente en algún acto de amor al prójimo, su celo casi desbordado, no era si no su amor que se ponía en marcha. Tenía un corazón como un caldero en ebullición que necesita vía de escape, y aquí está la explicación de esa multiformidad de obras de caridad que las presentía desde joven y que las realizó ya hecho sacerdote y religioso».

«Sí, todos recibíamos mucho de ese gran corazón, había un santuario íntimo en que se descubría hasta lo indecible las riquezas de aquel joven privilegiado: era el hogar de familia, donde su madre, doña Ana Cruchaga de Hurtado y su hermano Miguel compartían con Alberto las angustias y alegrías en forma maravillosa. Allí se expasionaba en grande el futuro apóstol, y, después del amor a Jesús, el amor a María y los grandes amores cristianos, el de su madre tenía culto privilegiado. Justamente ese era un punto de interrogación en el horizonte, sobre su vocación: pues su madre necesitaba de él y de su profesión de abogado, para sostener la lucha por la vida».

«Se iba a recibir de abogado, y no se podía ir al Noviciado de la Compañía en Chillán, por la situación financiera de su madre. Le ví hacer la. PRIMER MILAGRO: durante todo el mes del Sagrado Corazón de Jesús del año 1923, fijó sus visitas para con su amigo y padre espiritual, a las 10 de la Noche, en vez de venir a las horas diurnas, y a esa hora le vi tenderse en el suelo cual largo era, frente al altar del Santísimo Sacramento, y pasar una hora entera en esa postura, implorando en la oración más fervorosa, que le solucionara el Señor sus problemas económicos para poderse consagrar totalmente a Dios, yo rezaba el Breviario, y observaba mientras tanto. Pues bien, EL DIA DEL SAGRADO CORAZON DE JESÚS DEL AÑO 1923, a eso de las tres de la tarde, recibió un llamado telefónico citándolo con urgencia, y de aquella entrevista salió la solución de un pleito antiguo de familia que dejó a su madre en situación económica más desahogada, y el santo joven pudo ingresar a la Compañía de Jesús, algunas semanas después».

 
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