Testimonios
02. Diario de la enfermedad y muerte del Padre Hurtado.
Escrito por Marta Holley
 
     
 

La Sra. Marta Holley de Benavente, colaboradora constante del Padre fue además la que presidió la "Fraternidad Hogar de Cristo". Su esposo, el Dr. Ricardo Benavente Garcés, atendió diariamente al Padre como médico y fiel amigo. Ella escribió un hermoso artículo sobre este mismo tema, que fue publicado en la Revista "Mensaje" en agosto de 1978 (N° 271). De él copio las palabras introductorias: "He visto morir a muchas personas; he sabido, como esposa de médico, de muchas muertes, y siempre se siente la timidez, el miedo a lo desconocido. Una pena honda de ver partir a un ser querido. ¡Qué distinto fue presenciar la muerte de nuestro querido padre Hurtado. Habría que rememorar tantas cosas, pero mejor es recordar lo qué dijo en muchas ocasiones, con ese fuego, con ese ardor que le era peculiar y ver cómo lo vivió, con alegría y con fe, en su última enfermedad". Es lo mismo que pretende este escrito.

ENFERMEDAD Y MUERTE DEL P. ALBERTO HURTADO CRUCHAGA sj.

21 de abril de 1952.
El Padre Hurtado se ha estado sintiendo mal. Temo lo peor. Él se da cuenta que puede ser el comienzo del fin.

21 de mayo. Se me anuncia que el Padre Hurtado se ha sentido mal hoy día (infarto al corazón) pero la información estaba errada, era el pulmón. Como a las 7 tuvo un ahogo y se creyó que era el fin. Ahora reposa pero está muy débil.

He seguido paso a paso su enfermedad y he tenido la certeza interior que lo tendremos muy poco tiempo más con nosotros. Cuando en noviembre partió para Viña por que se sentía muy cansado, supe que era su primera partida. Ahora Señor te pido por él. ¿Cómo podría pedirte que nos lo dejaras cuando sé que está maduro, listo para ir a ti? Tantas veces nos predicó sobre la muerte de un cristiano, diciéndonos que es el abandono del hijo en brazos de su Padre, que era el encanto del Bien al fin encontrándote sin miedo de perderlo, que era el amor que nos envolvería hasta fundirse en nosotros. Dios mío en estos momentos de angustia humana, dale una gran visión de fe; para que la entrega de su vida entre tus manos sea un don perfecto.

El mes pasado el Padre me dijo: "Arreglo las cosas para que no haya dificultades después, me sentí anoche tan mal que creí que era el fin" y mientras conversaba de cosas del Hogar de Cristo, arreglaba cajones, firmaba papeles y cheques.

24 de mayo.
El Padre, mejora lentamente. El día de hoy ha sido tranquilo.

29 de mayo.
Ricardo me ha dicho hoy día que el Padre no tiene un mes de vida. Cualquiera complicación no podrá resistirla.

1 ° de junio.
El Padre sigue muy mal, sin esperanza diría yo. En espíritu de fe ofrece sus dolores por los pobres, por la Asich, por el Hogar. Su vida ha sido un ejemplo, su enfermedad lo es también. Ayer sintiéndose muy mal, pidió la absolución pidiéndole a Dios de llamarlo si esa era su voluntad, porque él estaba pronto para ir a su Dios y Señor.

28 de junio.
El Padre después del día del Sagrado Corazón en que hubo oración durante todo el día por él, poco a poco ha vuelto a tener fuerzas. Ricardo me dice a la hora de almuerzo: "No entiendo nada, el Padre está mejor". Y los médicos en la tarde: "Si sigue así 4 o 5 días, podremos estar contentos".

6 de julio. El Padre vuelve a bajar la pendiente. Vive en forma artificial con inyecciones, transfusiones de sangre. Está mejor un día para volver a caer; se ve que es un cuerpo que ya no puede reaccionar solo.

12 de julio 1952. Segundo aniversario de la Fraternidad del Hogar de Cristo. El Padre nos ha permitido asistir a su misa en el hospital, más aún, nos esperaba con impaciencia y con alegría. Al lado del altar que estaba en el corredor todos los miembros de la Fraternidad.

¡Cómo nos sentíamos unidas al lado del querido enfermo! Como el introito: "Os justi meditábatur sapientiam et exigua ejus, loquétur judicium: lex Dei ejus in cordi ipsius", una alabanza a San Juan Gualberto, pero también el vivo reflejo de nuestro padre espiritual; y luego la oración: ut quod nostris méritis non valémus, ejus patrocinio assequámur. Era el Santo de ese, día, pero también el de todos los santos del cielo a quienes invocábamos para pedir por su salud. Luego la Epístola, el Evangelio que es como el testamento de caridad del Hogar de Cristo, y de nuestra pequeña Fraternidad... y nuestro querido Canon, que se enteró de memoria después de haberlo repetidó durante años... ¿Ya es el fin? Me gustaría estar en el In Nomine Patris... La misa ha terminado. Ricardo entra en la pieza del Padre para. decirle adiós, pero el quiere vernos y hablarnos. Entramos en su pieza; pálido, flaco, débil, ya no es el Padre que hemos conocido, pero siempre está allí su sonrisa y su mirada, penetrante. Con una voz temblorosa nos agradece las oraciones y el haber venido; se siente, dice, milagrosamente bien esa mañana. Ha rezado por nosotros durante la misa, por nuestra fraternidad, por el Hogar, por nuestros pobres, para que seamos verdaderamente de Cristo. Nos tiene unos santitos para cada uno de nosotros con una leyenda: "Sed perfectos como mi Padre Celestial es perfecto". Y del salmo 40: "Bienaventurado el que atiende al necesitado y al pobre". Firmado por él y con la fecha 12 de julio 1952 11 aniv. de Fraternidad del Hogar de Cristo. Nos bendice y luego nos vamos. La tarde del 12, acompaño a mi hermana que está enferma; a las 7 parto con Rodolfo al hospital para buscar los platos del almuerzo del Padre y aprovecho para hacerle preguntar qué desearía para el día siguiente. Al saber que estoy afuera me hace entrar. Lo veo más flaco y cansado que en la mañana. Es un hombre acabado, un cuerpo que se cae a pedazos, solo la voluntad está presente para hacerlo reaccionar. "Que bien que haya venido, me dice. Le he escrito hoy para darle las gracias a todos las que vinieron esta mañana, por el sacrificio que representa una misa tan temprano... Son ustedes demasiado buenas... Recibo demasiado... es por eso que he cantado durante todo el día el Te Deúm y el Magníficat".

Le hablo del gusto de verlo, que no ha sido un sacrificio porque las que estamos en deuda somos nosotras y que esté tranquilo porque todo marcha bien en el Hogar. Esté tranquilo, le digo porque su obra es la obra de Dios. Ud. ha sido el principal instrumento, nosotros pobres instrumentos, pero Cristo ha trabajado a través nuestro. Su mirada, se perdía en el techo. Si, me contestó, por eso tengo confianza... En cuanto a la Fraternidad, le dije, tengo confianza, creo que crecerá y se cimentará, es el núcleo, la savia de caridad del Hogar de Cristo. Creo además que será necesario no solamente que exista una fraternidad de mujeres; sino también de hombres. Un núcleo ferviente, consagrado a Dios a fondo con votos, trabajando, cansándose por los pobres del Hogar de Cristo. "Ha comprendido, me dijo, eso es. Estoy tan entregado que estoy en las manos del Patrón, somos sus hijos...". Toda su actitud era una oración.

15 de julio.
El Padre Alvarado ha arreglado una última entrevista con el Padre para precisar los últimos puntos de la Fraternidad. Ha sido un rudo día de trabajo amarrada a mi escritorio hasta las 4 de la tarde para redactar todo antes de ir al hospital.

Encuentro al Padre más cansado y deshecho que el sábado pasado. La fuerza de la mirada no es la misma y el brío está velado. Le pido perdón de molestarlo, pero el mismo desea poner los puntos sobre las íes. Padre, le digo, las precisiones que necesito no tendrían razón de ser si Ud. estuviera siempre al lado nuestro. Pero hay que escribir con una visión de eternidad como si las personas que vana dirigir la Fraternidad no supieran nada. "Tiene razón -me contesta- Cristo que está en este momento en medio de nosotros nos dará las luces que necesitamos".

"Es el espíritu lo que, vale... No me gusta precisar. Hay tantas Ordenes religiosas, tantos Institutos llenos de Bulas e indulgencias y reglas, y todo se viene abajo porque falta el espíritu. Ponga en relieve el espíritu, la entrega sin vuelta a Cristo, el amor porque la caridad es la plenitud de la ley, y el resto vendrá solo. ¿Ud. cree que la Fraternidad ha llegado a su pleno desarrollo? Muchas cosas vendrán después. Será un Capítulo fraternal, será un espíritu de penitencia llegando hasta una penitencia corporal, serán tantos medios para que el espíritu de Cristo crezca en nosotros. Créame solo insinúelo". ¿No creé Ud. Padre que se necesitará un control?... "¿Control? -me contesta- no me gusta esa palabra. Aquí no se trata de control sino de amor. No olvide nunca que no se puede ser dura con los otros. Si Dios la obliga a dar 7, no obligue a los demás a dar lo mismo. Mire a Cristo, no se canse de contemplarlo. Soy muy jesuita y una cosa he admirado siempre en San Ignacio es el de no haber confundido nunca los medios como si fueran fines, ni los fines propuestos como medios. Lo que escriba debe de ser una cosa tan sencilla, que si mañana llegara N.N. y le dijera: deseo entrar a la Fraternidad, usted pudiera contestarle es solo esto: Una entrega total a Cristo, pero no ponga cosas imposibles de realizar desde el primer día. Retenga, el espíritu es el amor, y este amor profundo a Dios trae la pobreza, la castidad, la obediencia, la humildad, y todo lo demás. Más tarde se podrá precisar mas si es necesario. Dele gracias a Dios de todo lo que le ha dado, Ud. tiene su parte de responsabilidad, yo la tengo más grande que Ud., y es en Cristo en quien debemos apoyarnos. Veo mi obra, veo el Hogar de Cristo, nació a pesar de mi bajeza porque Dios quiso servirse de mí. Nunca he tenido cosas extraordinarias, sin embargo recuerdo un sueño que tuve antes de mi viaje a Europa (1948). Veía al Hogar de Cristo crecer en plenitud y madurez y no veía sotanas a su alrededor sino laicos: hombres, mujeres, niñas, entregadas a la perfección y sosteniendo el Hogar. Desperté con una gran paz y una inmensa alegría que duró mucho. En Europa busqué entonces lo que había visto en mi sueño. Las Fraternidades que existían no eran lo que había soñado... Y ahora está realizado. Tengo que despedirme, llame al Hermano que espera afuera". Seguramente nuevo movimiento intestinal. ¿No me había dicho antes: "Es una Cruz muy pesada, que me ha dado el Señor?" Caigo de rodillas para recibir su bendición. Es una gran cruz que traza sobre mí y me parece que su voz subraya: "et maneat semper".

12 de julio 1952. Último día del Triduo por el Padre en San Ignacio. El Padre está muy mal. La cortizona a dosis de 100 mlg. no es ya suficiente. Tiene de nuevo fiebre, vómitos, diarrea, flebitis en las dos piernas. Se dobló entonces la dosis; la fiebre cae, puede dormir un poco, pero es un cuerpo que reacciona con el chicotazo de los remedios, pero sus días están contados. En San Ignacio se ruega con fervor; el Padre Alvarado antes de la bendición, da noticias del Padre, agradeciendo en nombre de la Compañía y en nombre del Padre Hurtado las oraciones y el afecto que todos han demostrado; la voz se le enronquece y las lágrimas le corren; no parece un P. Rector sino un pobre niño abandonado. El P. Lavín, arrodillado frente al Santísimo, está desencajado.

20 de Julio.
El Padre vuelve a tener otro infarto; flebitis; el abdomen está lleno de líquido, la boca seca. A la religiosa a quien le pregunto por su estado me dice. Es un atadito en su cama, debe de sufrir mucho, pero no se queja. Está muy pálido. En la noche Ricardo me dice: Da pena verlo sufrir tanto, sin embargo no ha olvidado de mandarte un saludo.

21 de julio.
El calvario continúa. Después de una noche más o menos tranquila con el Sedol, el día comienza con el despertar de todos sus dolores. Los labios partidos, la boca seca, llena de aftas y musgos, el esófago rígido como si fuera de cartón lo que le impide tragar los alimentos, el infarto en el pulmón derecho con un dolor tan agudo que el roce del pijama le resulta intolerable. Los dolores en el vientre hinchado y lleno de, líquido, las piernas hinchadas a presión que pueden reventar, los brazos según su expresión "como un colador con las inyecciones".

El alimento que debo enviarle debe ser solo líquido. No se queja; ya no puede sonreir pero está según dice en una gran paz.

En la noche está peor. Nuevo infarto. Ricardo lo encuentra encogido hecho un nudo sobre el costado. -Padre, le dice, le traigo una buena noticia. Es una carta de R J. La abre pero no puede leerla. "Ricardo léamela". La lee lentamente R. le anuncia su entrada a la Fraternidad. Se conmueve. "Esperaba esto. Bendito sea Dios, alabado sea Dios". Dice estas palabras de una manera tan profunda que su pobre cara enflaquecida se tuerce en una mueca. -Padre, le dice Ricardo, puede estar tranquilo, su obra es sólida; todo lo que había imaginado se ha realizado: "Sí es la obra de Dios, es por eso que ha crecido; pero estoy como un neumático roto lleno de rajaduras, y el Dr. Armas no se da por vencido y quiere seguir batallando. Pero estoy en las manos de Dios, que se haga su voluntad". Queda largo rato silencioso. -Padre, su Fraternidad va creciendo, ya tiene 20 miembros. "Sí, se desarrollará y será una cruzada de amor y respeto al pobre. Que Dios los bendiga". Ricardo le anuncia la entrada de B. a la Fraternidad. "Dios mío me colmas, Bendito seas". Ricardo se despide. No quisiera salir de la pieza, oirlo sin cansarse y comprobar que la santidad existe al alcance de su mano.

23 de julio. Ayer el Padre tuvo un día más tranquilo. El Padre recibió esta mañana a R.J.; pidió que yo fuera también. Lo encuentro sentado en su cama con más fuerzas que el viernes pasado. (Ayer hubo una junta, de médicos. Todos estuvieron de acuerdo que no había nada que hacer). Nos bendice antes de partir y nos tiende la mano, una mano enflaquecida.

25 de julio.
El Padre ha sabido que está desahuciado. El P. Alvarado tuvo la dura tarea de anunciárselo. Quiere despedirse de todos. Me avisan para que vaya. Me recibe: Sin afeitarse su cara se ve más chupada aún. Con su buena sonrisa me tiende la mano y me dice: "¿Ya lo sabe?... -Padre, le contesto, hace dos meses que lo sabía. "¡Mire Marta cómo no estar contento! ¡Cómo no estar agradecido con Dios! ¡Qué fino es! Todas mis obras han prosperado; en lugar de una muerte violenta me manda una larga enfermedad para que pueda prepararme; no me da dolores (sic), me mantiene mi cabeza para que, pueda arreglar tantos asuntos; me da el gusto de ver a tantos amigos, de verlos a todos. Verdaderamente Dios ha sido para mí un Padre cariñoso, el mejor de los padres".

Padre, le digo, a pesar de su estado no pierdo las esperanzas de verlo bien; ¡hace tanta falta! "Estamos en las manos de Dios Marta. Esa es la gran ciencia, estar a fondo en las manos de Dios... pero somos tan tontos que no aprendemos nunca a entregarnos completamente. Ahora estoy enteramente en sus manos y por eso estoy tan feliz!".

"¿Cómo, anda su devoción a la Virgen? La Virgen es la Mamita: Ámela con toda el alma, es la madre de Cristo y a dispensadora de todas las gracias. Entréguese a ella para que la guíe hacia. Dios, siéntase una niñita a su lado. Es nuestra madre".

"Que la Fraternidad sea la llama del Hogar de Cristo. Preocúpese que haya respeto al pobre: sus camas, que no falten cucharas, platos, etc. Trabajen por la dignidad del pobre, es Cristo a quien sirven. Que haya en el Hogar contacto con el pobre, vayan a Chorrillos, busquen al pobre con amor y respeto... Que no se desvirtúe esa llama de caridad del Hogar de Cristo para convertirse en una caridad fría". -Padre, tengo confianza, el Hogar es una obra de Dios, y mientras no nos alejemos de Él, al Hogar no le faltará nada y será una caridad viviente. "Bendito sea Dios; alabado sea Dios. Mi alma salta de gozo porque voy a Él, Él es mi Padre, ¡qué puedo temer!". -Cómo comprendo Padre su felicidad. Le aseguro, que el movimiento espontáneo al partir Ud., será el entonar el Magníficat del fondo del corazón. -"Que bueno, no estaré solo para entonarlo en la hora del encuentro".

26 de julio. Día de Santa Ana madre del Padre. El Padre Alvarado nos anuncia que podemos ir a la misa del Padre. De nuevo estarnos todos reunidos a las 6:30 de la mañana en la Clínica de la Universidad. Que alegría, y al mismo tiempo que pena porque el Padre nos quiere ver a todas porque, quiere despedirse. Misa profundamente vivida. La misa se desarrolla lentamente pero para rní se me ocurre una carrera, tanto desearía prolongar esos instantes. Después de la acción de gracias el Padre nos llama. Una por una nos tiende la mano como si esto fuera una gran cosa para él; la pieza está llena: El Padre llora, en silencio mientras nos contempla: "Quería agradecerles a todas Uds. lo que han hecho por Dios, para el Hogar, por mí; en estos años que hemos trabajado juntos. Hemos visto muchos milagros en el Hogar de Cristo. El Hogar nació y se ha desarrollado por la providencia de Dios, pero el milagro más grande es la unión, el lazo de caridad que ha existido entre Uds. Que aumente la caridad en Uds. Que Cristo crezca en cada uno de Uds. y estén atentas, se lo decía ayer, al Padre Balmaceda, que las construcciones, los proyectos que tengan, para mejorar la suerte de los pobres, no aminoren lo que hay que hacer hoy. Que los detalles para dignificar al pobre sea lo más importante; que Cristo tenga menos hambre, menos sed, que esté más cubierto gracias a Uds. Sí, que Cristó ande menos pililo, puesto que el pobre es Cristo. Que Dios las bendiga".

"Deben perdonarme, estoy tan lloricón, pero me emociono cuando veo a las personas que quiero y Uds. están muy cerquita de mí. Cuánto les agradezco que hayan venirlo. Otros años no me he atrevido a pedirles que se reunieran en una misa por mi madre para no molestarlas; pero este año la mamá ha estado bien festejada con la asistencia a la misa y comunión de todas Uds, y con una misa de la Asich y oficiada por Manuel Larraín. Hoy día para ella es es una gran fiesta. Dios las bendiga, ¡Dios las bendiga!". Caían sus lágrimas mientras nos hablaba. "No será la última vez que las vea, le he pedido al Padre Balmaceda que reúna a todos los del Hogar un día (el lunes 28 a las 9). Quiero verlos a todos".

Al cabo de un momento oigo de nuevo la voz del Padre. Me parece que pedía a Dios la fuerza para que siguiéramos en nuestros buenos propósitos, que Dios nos bendiga y nos llene de su amor. Pero no estoy muy segura de lo que anoto... Mi pobre padre espiritual llora como un niño y con una voz que tiembla levanta sus manos al cielo mientras dice: "Benedictio Dei omnipotentis".

29 de julio. El Padre nos esperaba a Ricardo y a mí para oír su misa. Después de la acción gracias el Padre nos pidió que entrásemos a la pieza. Hace que cierren la puerta para estar tranquilos. Nos hizo arrodillarnos al lado de su cama para entregarnos a Cristo. El Padre nos bendijo lentamente y nos dijo que los votos de Ricardo eran la semilla de la Fraternidad de hombres. Que muchos matrimonios vendrían para entregarse juntos a Cristo en el Hogar y que su corazón estallaba de alegría. "Bendito sea Dios. Qué grácia tan grande es la que manda hoy el Patrón; que gracias tan grandes me ha dado a mí; es para cantar el Magníficat". Después uno necesitaba silencio pero llegó el desayuno y le ayudamos a que se lo tomara. Ricardo al despedirse le besó la mano.

30 de julio. Hoy el padre está muy débil.

2 de agosto. Acabo de ver al Padre. Visita interrumpida a cada rato con la visita de los médicos. El Padre se apaga lentamente, pero me recibe con la sonrisa acostumbrada.

"Dios la torna en serio, me dice, y no la trata como una niñita. Entréguese en las manos, de Dios; no olvide que Dios pide la perfección, que es un Dios celoso que aparta todo lo qué no es Él. Pero es también padre y no le faltará el apoyo para seguir adelante. Pida como Newman, la luz para dar el paso, nada más que el paso, y no se violente mucho. Póngase delante de Dios como un perrito... aquí estoy Señor, y mírelo y déjese mirar por Dios con toda humildad y abandono: Vendrán temporales grandes, acuérdese de lo que le digo hoy, y por sobre todo paz, paz, paz.

"Dios la quiere para sí. Entréguese, no tenga miedo. Es nuestro Padre, piense lo que dice San Juan: Dios es Amor: Déjese invadir aunque en la noche de la fe no vea nada. Recuerde el Adoro te Devote. El Padre Damián me decía el otro día una cosa muy sencilla: ¿Ud. quiere santificarse Alberto?... Dios lo desea más. Ud. quiere poseerlo, Él lo desea aún más. Ud. desea amarlo, Dios lo ama infinitamente más".

Mi pobre, Padre se está apagando. Su comida es más sencilla. Sus dolores aumentan.

7 de agosto. Día del Padre. El Padre Lavín nos avisa que el Primer Viernes podremos asistir a su misa. Pero que susto tenía que no llegara a ese día: Estos días ha tenido fiebre, asfixia: Anteayer creíamos que sería el fin. Quedamos en el hospital hasta después de media noche cuando reacciónó un poco. Ayer de nuevo tuvo otro shok. Nos quedamos con Ricardo cerca de su pieza hasta que se quedó dormido después de haberle puesto oxígeno.

Esta mañana todo el mundo llegó a su misa alas 6:30 de la mañana. La dijo el Padre Lavín. Un ramo de rosas y claveles estaba en su pieza enviado por la Fraternidad. Un jardín -según el Padre Hurtado- para alegrar su pieza de enfermo: Después de la misa nos llamó: "No tengo como agradecerles todo el cariño que me han manifestado. ¡Dios se lo pague! Voy a darles una bendición con toda mi alma, no solamente para Uds., sino también para todos sus seres queridos y sus intenciones". "Benedictio Deo omnipotentis...". No termina nunca de hacer el signo de la cruz sobre nosotros.

Ayer le traje las fotografías de las construcciones del Hogar, (el Hogar de adolescentes donde está actualmente viviendas). Cuando vio el frontis del hogar dijo: "Que gusto de ver el Hogar de nuevo". Tomó la foto y donde decía Cristo, la besó. -Padre, es su Hogar-... "¡Mío, no! de Cristo, de Cristo". -Por eso es suyo, Padre, porque es de Cristo. Sonrió. "Nunca he tenido hijos menos míos que el Hogar y la Fraternidad. Uds. (Monique y Elsa estaban conmigo) que lo han presenciado, saben que yo no hice nada. Es el Patrón que habló a través mío. Soy un simple instrumento". Se le caen las lágrimas... de alegría, dice, al ver las fotografías. Luego tengo que explicarle con detalles cada muralla de la construcción. "Tengo que darme cuenta cabal de todo, dice. Estoy tan feliz que los vería sin anteojos". Elsa le limpia los anteojos. Después de haberlas visto todas y vuelto a ver, me las devuelve. -No, Padre, son suyas. -"Que bueno, podré verlas y volverlas a ver durante el día. Mire Monique, este Poli... se debe a Ud. y a Raquel Pelegrini, yo no había pensado". "Muchas gracias por el gusto que me han dado, que bien voy a ver todo esto desde arriba". Nos da su bendición. Lo veremos a través de los años; en su cama de enfermo, levantando su manó sin cansarse para bendecirnos. "Esta bendición que les doy, es una bendición a chorros". Cada despedida es un adiós, un a Dios, porque lo entregamos entre sus manos por toda la eternidad.

10 de agosto. El 8 el 9 y hoy he visto al Padre. El 8 fui a preguntar cómo estaba, me hizo entrar para preguntarme, por mi hermana Pauline que está tan grave. Está pletórico de alegría aunque se siente muy cansado... Ayer me llamó para preguntarme de nuevo por ella; cada, vez que despierta es para rezar por ella. Vio a mis niños, a Ricardo. Estoy casi contenta de verlo tan bien. Su voz, su mirada es la de antes. Esto dura un minuto, pero hace bien verlo así. Hoy me llama para que se hable de la Fraternidad a todo el mundo en estos términos: "El Hogar de Cristo es la entrega a Dios en el pobre, buscar y ver en el pobre a Cristo; pero dentro del mismo Hogar hay un grupo en el cual la entrega es más profunda; fijada por votos que siguen los consejos evangélicos. A éste grupo pueden entrar todos los que sienten que Dios les pide algo más serio y más total, pero no es obligatorio", sino que depende de lo que Cristo pide a cada cual. El no entrar no significa que no se pertenezca de igual manera al Hogar y que no se le sirva con igual cariño y abnegación a los pobres. La Fraternidad tiene un Capellán y un responsable al cual se le dirigen las peticiones para entrar. No dar mayores detalles".

En cuanto a Ud., pídale a Dios que queme todo lo que no es de Él. Toda nuestra basura sirve para ser quemada... Ud. desea ser santa... Pues Dios lo desea mucho más que Ud. Tenga, una gran devoción a la Santísima Virgen, es la Madre del Verbo. Su FIAT nos dió a Cristo. Por ella pasan todas las gracias. Pídale que le enseñe a quererla. Rece el Anima Christi. Yo me quedo atascado siempre en la primera frase. Pídale a Cristo que la santifique a su contacto". Me habla después de Ricardo: "Dios lo ha tomado para sí. ¡Cómo ejerce la caridad! Es Cristo que trabaja en él". Recuerda P.E. Cómo trabaja allí la gracia; va a llegar muy lejos". "Que Dios la bendiga y la santífique".

13 de agosto. El Padre me había dicho ayer que viniera hoy en la mañana a verle para planear la Revista de Navidad del Hogar de Cristo. Llegué a la hora fijada, pero el Padre se sentía demasiado mal y le estaban haciendo transfusión de sangre. Dijo que volviera a las 5; tuve que esperar bastante porque trataba con gran esfuerzo de tomarse su té. Cuando le vi estaba mejor. Con la claridad acostumbrada me pidió centrar el número en las niñas vagas, casi no tocando otros aspectos de la labor del Hogar para no disminuir el impacto deseado... Habla despues del Hogar y le pregunto: -Padre, en el futuro ¿piensa Ud. solamenteen una unidad Hogar de Cristo en Santiago o mantiene su idea principal de Hogares de Cristo en los diferentes barrios? "Indudablemente. Después de terminar la unidad de Chorrillos, hogares en provincia: Concepción, Valparaíso, Antofagasta y también en diferentes barrios de Santiago.

Para ello, propaganda en provincia, para crear UN CLIMA DE CARIDAD EN TODO CHILE. Que todos tengan un contacto directo con el pobre y no solamente la Fraternidad". Recuerdo la frase de Tito Subercaseaux: El Padre está tan santo pero no se santifica solo, nos santifica con su contacto.

15 de agosto. Hoy el Padre ha estado muy mal. No sujeta nada en el estómago. Es ya un estado final. Como a las 11 llega Ricardo y le hace una transfusión y le pone una inyección de cardaisol. Anuncian que nadie puede entrar a la pieza del Padre, pero a mí me llama; llego a sentirme mal. "Marta que gusto de volverla a ver". -Que terrible aspecto que tiene. Tomo su mano con el cariño de hija, de hermana mayor: "Santísima Virgen vendrá quizás más tarde a buscarme. La espero". En el silencio de la pieza se siente el ruido de la sangre en la ampolla. No oí bien luego lo que me dijo. No sé si dijo: "La confío a San Ignacio. Será hija de San Ignacio", pero cerró los ojos mientras lloraba.

Me quedé de pie al lado de su cama. El Padre me hizo, abrir el velador y sacar un paquete que había dentro. Quiso abrirlo, yo le ayudé, puesto que el otro brazo estaba inmovilizado con la transfusión. Sacó un crucifijo, lo besó y me lo entregó. "Esto es para Ud. Marta, me lo trajo Sarita Ossa tiene tierra de las catacumbas". A Ricardo le da un rosario de Lourdes que lo recibe llorando. Guardo el resto del paquete que contiene una reliquia. Tiemblo de pies a cabeza.

16 de agosto. Ricardo en el hospital hasta las 11 de la noche. No se lo que me pasó pero de repente se me ocurrió que el Padre no llegaría al martes y que se debía llamar al Padre Lavín que estaba en Chillán. Aunque Ricardo encontraba al Padre muy grave no creía que el desenlace sería antes de cuatro o cinco días. Cada cinco minutos volvía yo a la carga. Estando en la noche en el hospital, llegó Ramón Venegas, Ricardo le contó mi insistencia que encontrába un poco exagerada. Pero Ramón le contestó: -creo que es más prudente, Marta tiene razón. Ricardo no se da por vencído pero me mira fijámente mientras le digo: El P. Lavín partió confiado en que tú le avisarías a tiempo; además el Padre ha preguntado varias veces por su vuelta. ¿Crees tú que le puedes quitar este gusto de volverlo a ver?... La batalla está ganada, a las 11 PM partimos a poner el telegrama en nombre del Padre Rector. Noche para nosotros muy agitada.

17 de agosto. Es domingo. A las 6:30 estamos de nuevo en el hospital para asistir a la misa del Padre. Me quedo afuera sabiendo que se siente muy mal, pero me hace entrar. Sí, es ahora el fin. Que deshecho y qué pálido está. Es la última vez que lo veo, Ricardo antes de la misa le ha dado oxígeno y le ha puesto inyecciones para que pueda tragar algo del desayuno. Me toma la manó entre las suyas, me mira sonriendo mientras dice: "Que gusto de verla. Que Dios siga bendiciéndola y santificándola". Pasa unos segundos sin soltarme la mano. Luego me mira sonriendo y me dice: "Que bueno es vivir Marta". -Padre, le contesto, la verdadera vida va a comenzar ahora. "No", me dice, la vida eterna comienza aquí abajo. Esta es la vida eterna, conocerte a Ti o Padre, y al que Tú enviaste, Jesucristo".

Pensaba yo en la vida material, en la vida eterna, pero creo ahora que lo que el Padre quería decir era la vida divina que palpitaba en él, uno con Cristo... Es el sentido de: "Que bueno es vivir Martita".

Le traen el desayuno. Con que esfuerzo se le arregla la taza de enfermo en forma de tetera es demasiado pesada para él. "Tengo fuerzas de guagua". Ricardo le da el té por cucháraditas. No quiero mirarlo para que no se sienta observado. Miro a lo lejos la Cordillera, el día que se anuncia bello, el cielo que se abrirá para recibir a un santo.

La religiosa del piso, Madre, Leonor, entra para decirle buenos días y preguntarle cómo se siente: "Todavía vivo; madrecita, todavía vivo...". Sí, todavía vivo y con fuerza para hacer sonreír aun a costa suya. El Padre ha terminada de tomar su media taza de té. Le dejamos para que descanse. "Hasta luego, que Dios les pague".

Afuera encontramos al P. Alvarado. Nos avisa que el P. Lavín ha recibido a tiempo el telegrama para tomar el tren de media noche y que en un momento más llegará al hospital. ¡Qué alivio!

Ricardo me va a dejar a casa y vuelve al hospital quedándose en la pieza del Padre toda la mañana. Llega a la hora de almuerzo. El Padre sigue muy mal, con vómitos. Es una pentónitis cancerosa. Será rápido, dos a tres días en el mejor de los casos. Se le ha puesto una morfina para aliviarlo un poco. Ahora descansa.

A las 5 estamos de nuevo en el hospital. La noticia ha trascendido que el Padre está muy mal. La radio ha hablado. Es mucha la gente que encontramos frente a su puerta. Me instalo en la pieza de los médicos con un libro que me sirve para aislarme de los demás. Están todos los más íntimos y como niños buscan un apoyo. A las 9:30 volvemos, corriendo a casa a comer algo. A las 10 ya estamos en camino al hospital. Es su última noche. En el corredor, cerca de su puerta entreabierta, siento el trajín de Ricardo, el esfuerzo por vomitar, la sed, el hielo que se le trae. Se le da oxígeno de nuevo, y se le pone una inyección para que su noche no sea muy agitada.

Media noche. La inyección ha hecho su efecto. El Padre descanso ahora. Quizás tendrán nécesidad de nosotros más tarde. Volvemos a casa.

18 de agosto. A las 5:30 Ricardo comienza a levantarse. Media hora más tarde suena el teléfono, es el Dr. Cubillos que dice que el Padre está muy mal. Dos cafeínas, dos suprarrenal, dos adrenalinas, es la orden de Ricardo. Hay que hacer posible su última comunión. A la carrera llegamos al hospital, la misa ha comenzado antes de la hora. Llega el momento de comulgar. El pequeño pedazo de hostia es difícil de tragar. Terminada la misa el P. Tascón O.P. está allí. Le pregunto si va a decir misa. No, me contesta, porque se ha ido ya el Hermano que debía ayudarme y el rito es diferente. Le muestro mi misal dominico, contestaré lo mejor que pueda. Así el Padre tiene dos misas el último día de su vida. Pero las inyecciones han dejado ya de hacer su efecto y vuelve a caer el Padre en vómitos y la asfixia. Se cierra la puerta de su pieza mientras que sigue la misa. Terminada ésta, el Padre le pide su bendición al P. Tascón: "para este miserable pecador". Ricardo va a dejar al P. Tascón, a su convento y yo las cosas indispensables de la casa. Cuando llego a las 11 el Padre ha entrado en agonía. Sus manos están moradas y se esta enfriando. Ricardo está a su lado. Sus hermanos en religión rodean su cama, y yo con mis piernas que tiemblan espero en el corredor en medio de caras conocidas y desconocidas. El P. Alvarado se me acerca y me dice: -¿Lo ha visto? -No, Padre, desde ayer. Acérquese. Abre la puerta y cerca del umbral veo semi sentado al Padre, con los ojos cerrados y llenos de lágrimas. Respira, con un ronquido que da pena. El Padre Alvarado cierra la puerta y vuelvo a mi rincón en el corredor. Las horas pasan lentamente. Los médicos entran y salen de su pieza, sacerdotes, amigos íntimos. Subo un rato a la Capilla. Bajo. El P. Fernández Pradel está almorzando. Conversamos. Él, reviviendo viejos recuerdos, con una sonrisa de niño, que pone un poco de orden en mi cabeza. Vuelvo al corredor. El P. Alvarado sale de la, pieza del Padre, son cerca de las 2 de la tarde y se espera que dure todo el día. Nos empuja a que vayamos a almorzar a casa. No tengo hambre, no me movería de allí. "Le prometo que les avisaré si hay un cambio, vayan en paz": Pero hay otros. enfermos que debe ver Ricardo, al fin llegamos a casa y mientras tragamos algo, se llama por teléfono a la Secretaría, a los viejos cuartos del Hogar para avisarles. Es un deber de caridad.

Llegamos al Hospital. Ya se han dicho las oraciones para los agonizantes. Se nos quiso avisar, pero el teléfono estaba ocupado. Entramos a la pieza del Padre. La boca abierta, la respiración como un silbido, nuestro pobre Padre parece un niño abandonado. Dos cirios están prendidos sobre su velador. Sus Superiores, sus hermanos rodean su cama. El P. Balmaceda seca sus lágrimas. Salimos de la pieza y subimos a la Capilla con un grupo de la Fraternidad. No se lo que pensé en ese momento. Veo el sol tibio de agosto, mis hermanas que subían y bajaban trayendo noticias. "Se le puso una nueva inyección. Trajeron ya los ornamentos para revestirlo. No hay cambio. Se está apagando lentamente, como, un cirio. 5:00 horas, Elsa Mafféi sube corriendo; "apúrense, es el fin". 5:02. horas, llegamos a su puerta: Se nos empuja para que podamos entrar, el corredor, la pieza, todo está lleno, pero nos hacen un hueco: El P. Balmáceda sostiene la mandíbula con un pañuelo; una última lágrima brilla en el rincón del ojo izquierdo. El silencio es impresionante. De repente sollozos contenidos salen de muchas gargantas. Dios mío, es el momento de entonar el "Magníficat" y mientras lo recito con toda el alma, me parece oir la voz del Padre que me dice: "Que bueno Marta no estaré solo para entonarlo en el momento del encuentro".

Dios mío, gracias por él; gracias por todas las gracias que he recibió de Ti; gracias por tu Misericordia; gracias por todos los talentos que le diste; gracias por el amor que pusiste en su corazón; gracias por la caridad pletórica que entregó a su alrededor; gracias por su alma de apóstol; gracias por la Santidad que pusiste en su alma miro en su cara: tiene una cara de paz profunda. El P. Provincial reza las oraciones de los difuntos. Después hay, que arreglar al Padre, dejamos la pieza. Entre Ricardo y el P. Balmaceda lo vestirán y arreglarán. El P. Alvarado avisa que cuando el Padre esté listo se le podrá ver. El. P. Lavín dice que el Padre será trasladado casi inmediatamente a San Ignacio y será enterrado cerca de sus pobres en el Hogar de Cristo. Un inmenso murmullo se oye de toda esa gente que espera. Los del Hogar dicen: -"Qué bueno, lo tendremos entre nosotros".

La puerta se abre, el Padre nos, espera. Inmediatamente se forman filas que desfilan ante su, cama, entran lentamente, tocan su rosario y salen. El Padre, con los ojos cerrados, *** cruzadas sobre el crucifijo de sus votos, el gesto serio de las grandes ocasiones, reposa en paz. Pero ya se llama a la Fraternidad para que entren de nuevo para reazar el primer rosario. Todos de rodillas, el P. Provincial comienza el primer misterio glorioso... Es su Magníficat que brota ahora de todos los labios. Ante la muerte se canta este día lunes 18 de agosto de 1952, la Resurrección. Cada decena es recitada por un padre diferente: P. Lavín, P. Cox, P. Montes, uno después del otro, sus voces enronquecídas celebran los misterios gloriosos en honor de nuestro Padre. Las letanías de la Virgen siguen y después un gran silencio.

Pero ya lo vienen a buscar para llevarlo a San Ignacio. Ahora pertenece a todo el mundo. Esperamos afuera. Se le lleva en una camilla: Ya está la pieza vacía. Nada más, tenems que hacer aquí.

Partimos a San Ignacio. La iglesia está enlutada y lo espera con las puertas abiertas. Se ha arreglado un catafalco en terciopelo; demasiado grande y demasiado rico para él. No recuerdo quienes lo llevaron al interior de la iglesia. Pero cuando lo colocan en su lugar, se dan cuenta que nadie, podrá verlo porque está muy,alto. Se juntan entonces dos bancos. Así me gusta, humilde como él lo habría elegido; Ahora está a la altura de la gente como en sus días de apóstol, cuando con su sonrisa característica recibía a todo el mundo. Inmediatamente se forman filas que en pocos minutos llegan hasta la calle. Esto continúa durante dos días y parte de dos noches. Olas de personas que se acercan para murmurar una oración, para verlo por última vez, para agradecer su gran caridad.

Quiero también volverlo a ver. Me acerco: Está listo para decir su misa. Que familiar es verlo así. Cruza siempre sus manos sobre el pechó, enlazadas en su crucifijo, peró sus labios se han entreabierto y sonríe; sus párpados cerrados tienen las arrugas propias de la sonrisa. Nuestro Padre tiene la expreción que siempre le hemos conocido.

Nos quedamos en la iglesia con Ricardo hasta la hora de comida; tragamos algo y volvemos, a San Ignacio hasta las 23 horas en que cierran la iglesia.

19 de agosto. A las 5:30 de la mañana comienzan las misas. Antes de las 6:00 estamos de nuevo en la iglesia. Es una lluvia de misas. Cada altar está ocupado y antes que el sacerdote termine ya está otro sacerdote esperando para subir al altar, esto hasta pasado las 10 de la mañana.

Ricardo se va al hospital, después de comulgar en la primera misa. A las 7, el P. Alvarado comienza su misa, no con casulla negra, sino blanca, la misa de la Virgen. Terminadas las misas quedan pocas personas en la iglesia. Hay que arreglar un poco al Padre. Se cierra la iglesia para abrir el cajón. Que alegría de verle cerca de nuevo. Varias lo arreglan. El P. Alvarado me necesita: quiere que mande ha-' cer uni recordatorio del Padre, algo muy sencillo, su retrato, la fecha y la cita del Evangelio: "Lo que hiciéreis al más pequeño de mis hermanos, a Mí me lo hacéis...": El P. Balmaceda nos pide a Mimí y a mí que consigamos cordales para tirar la carroza y que vayamos al regimiento a pedir permiso para que cuatro de nuestros niños que hacen el servicio militar puedan asistir a los funerales. Es solamente a las 12:30 que volvemos a la iglesia.

Sale líquido de la boca del Padre; con algodón y un paño blanco se le arregla para que pueda ser visto. Los padres van a almorzar y quedamos nosotros de guardia mientras las cuentas del rosario pasan. Almuerzo y luego una carrera loca a los diarios, radios, a la imprenta, para tener todo listo el mismo día. A las 8 P.M. estoy libre para estar un rato acompañando a nuestro Padre. Comida rápida, y luego con Ricardo en la iglesia hasta las 11:30, hora en que se cierra la iglesia. Creo ser fuerte, pero cada vez que me acerco para verlo quizás por última vez, dos torrentes de lágrimas nublan mis ojos. No lloro por él, ¿cómo podría estar triste cuando ahora está tan cerca de Dios?... Pero lloro por mí, por el Hogar, por la Asich, por tantas almas sedientas de verdad y de generosioad que buscarán un apoyo humano que las lleve a Cristo; lloro por los pobres, los abandonados, los prisioneros que han perdido un padre... Lloro por Chile.

20 de agosto. Es todavía de noche cuando nos levantamos para la primera misa el día de sus funerales. Comulgamos y volvemós a tomar el desayuno en nuestra casa. La misa de funerales es a las 8:30, pero hay que estar de vuelta a las 7:30 para ayudar en los últimos detalles y tener un lugar. Han reservado algunos bancos cerca de él para el Hogar de Cristo.

Comienza la misa. El canto gregoriano da todo el énfasis a las palabras Manuel Larraín, terriblemente pálido celebra el Sacrificio y luego ¿cómo tiene la valentía de pronunciar la oración fúnebre por este hermano tan querido?

Ya son las últimas ocaciones, los responsos, ya se le lleva para afuera de la iglesia. La iglesia está bote a bote: Miro alrededor mío, el Hogar de Cristo. Entonces tomo la iniciativa, síganme, tenemos que estar a la cabeza del cortejo, y empujando un poco, pidiendo perdón, pronunciando las palabras mágicas: "Déjennos pasar, somos del Hogar de Cristo", llegamos a la calle. Veo a mucha gente que mira el cielo, pero pienso: es el eclipse; (era la cruz que apareció en el cielo). Al fin llegamos a nuestro lugar, tomando un cordel para tirar la carroza en lugar de los caballos: Los obreros de la Asich tienen otra, y así, lentamenté, el cortejo comienza a caminar entre los Pater Noster y las Ave Marías del rosario. Nunca he visto una multitud tan grande (12 cuadras), llenas hasta en las aceras de gente en oración, profundamente recogidas. Cuando se pasaba delante de una iglesia las campanas doblaban a muerto y sacerdotes revestidos rezaban responsos.

43 cuadras a pie recorrieron personas de toda condición social sin ninguna jerarquía: el gran señor al lado del mendigo; el joven al lado del viejo, la mujercita miserable con un niño en brazos al lado de altos dignatarios de la nación. La caridad del Padre había borrado todas las diferencias sociales y echado abajo todas las barreras, y todos, codo a codo, lloraban a un Padre muy querido que con su sonrisa y su trabajo de apóstol había ayudado a muchos, porque Cristo estaba en él.

Ya llegamos a la calle Chorrillos. Veo a lo lejos e1 Hogar de Cristo. Los pobres esperan en silencio en la puerta del Hogar; las lágrimas corren silenciosas mientras el cortejo se detiene algunos segundos en la puerta de la casa de los pobres, la puerta que se abrió ampliamente por la caridad de Cristo que vivía en el Padre; la puerta donde todos son hermanos; porque todos tienen el mismo Padre que está en los cielos.

El cortejó se encamína ahora a la parroquia de Jesús Obrero. Los últimos instantes han llegado. Hemos llegado a puerta de la iglesia, ya lo transportan; los últimos discursos nos parecen un pálido reflejo de lo que todos sentimos. Un último responso... y todo termina.

Cuándo la gente ya se ha ido, nos juntamos cerca de su tumba para orar un momento. Estamos: en paz y alegría, pero la parte humana se debilita y un nudo en la garganta nos aprieta. Bendito sea Dios.

 
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