APAX
ET BONUM
Pucón, 3-VI-55
M.
Rvdo. Padre Carlos Pomar
Provincial de la Compañía de Jesús,
Santiago
Muy estimado Padre:
Tengo
el agrado de enviarle algunos datos sobre el venerado Padre Hurtado,
según el cuestionario enviado por Vuestra Reverencia el mes pasado.
I,1.- Conocí personalmente al Padre Hurtado entre los años
40 al 52 y traté particularmente con él en consultas y
visitas, especialmente en su aposento, cada vez que tenía ocasión
de ir a la Capital.
2.- Visitar al Padre Hurtado era algo tan grato que se buscaba un motivo
para llegar donde él. Para mí, su rasgo característico
era un interesarse en tal forma por cada persona y por cada problema
como si le incumbiese a él única y totalmente su porvenir
o su solución.
Le consulté sobre el movimiento vocacional y las esperanzas de
un futuro mejor para el clero y las órdenes religiosas en Chile.
Se mostraba casi siempre optimista, a pesar de manifestar algunas veces
verdadera pesadumbre por la falta de ideales en la juventud y en los
formadores. Así me habló en una ocasión en que
nos encontrábamos en la estación de Temuco, al regresar
él en el flecha de Puerto Montt. Apenas me divisó entre
el gentío descendió del vagón para aprovechar los
momentos de entrevista. Venía amargado por encontrar el ambiente
materializado en la juventud de nuestro Sur. Era en los tiempos de su
asesoría de la JC.
3.- Aun sin conocerle, recuerdo haber oído comentar a uno de
nuestros padres misioneros que le había observado celebrar la
Misa, y le había llamado tan poderosamente la atención
que decía no haber visto nunca una celebración tan edificante,
y que al ser así los sacerdotes chilenos, deberían ser
todos santos. Esto era el año 37 en San José de la Mariquina.
Recuerdo igualmente haber oído comentar con entusiasmo a un grupo
de profesores primarios de nuestras escuelas misionales sobre la personalidad
del Padre que les acababa de predicar ejercicios en ese mismo pueblo;
esto talvez el año 1939 o 1940.
4.- Acerca de su vida espiritual, fuera de lo afirmado arriba, creo
ser de la impresión más honda recibida a través
del trato con el Padre Hurtado, su claridad de visión en cada
problema particular y en el del orden sobrenatural en su proyección
sobre la vida cristiana, junto con una entrega íntegra y cálida
al estudio de la solución de cada problema, tanto en el alma
de sus dirigidos como en el conjunto del grupo, de la sociedad, de la
Patria, de la Iglesia.
5.- Su misión providencial fue ciertamente dar orientación
real, firme, requerida por la época, al alma del catolicismo
especialmente en los sectores de la juventud y en el mundo asalariado.
Conservo sólo una carta suya, fechada en Noviembre de 1951, en
breve respuesta a una consulta sobre escuelas agrícolas. En ella
manifiesta su pesar por tener que someterse a cuidados y tratamientos
en vista del quebrantamiento de su salud.
II.- Acerca de sus libros, más de alguna discusión me
correspondió escuchar; no faltó entre los católicos
del sur quienes encontraros exageraciones en sus afirmaciones. Sin embargo,
la defensa de sus puntos de vista, publicados sobre todo en ¿Es
Chile un País Católica? y en Humanismo Social, demostraba
en aquellas ocasiones la formación de un nuevo apóstol
de la causa religiosa y social.
Al solicitar mi colaboración cuando se trataba de fundar Mensaje,
lo hacía con tal convicción de urgir algo inminentemente
necesario, que nadie, creo, se habría podido negar. Su imán
estaba orientado a las necesidades más obvias y su fuego era
capaz de encender otros fuegos.
II,2.- Sus cualidades, lo mismo que sus deficiencias naturales, no eran
motivo de consideración, al menos para mí, pues el desborde
de su espiritualidad impedía más bien el detenerse en
su exterior; a menos de haberlo buscado exprofeso. Y es por esto que
para la mayoría de los observadores psicológicos me parece
no ser la experiencia sobre el Padre Hurtado tan profunda como para
las almas que buscaban a Dios o trataban de orientar su apostolado junto
al gran apóstol.
Disculpará
Vuestra Reverencia la pobreza de esta respuesta, desproporcionada al
cariño por el inolvidable jesuita que tanto lamentamos haber
perdido, y al deseo de cooperar en algo a su glorificación, la
que esperamos de la bondad de Dios para el bien de las almas.
Le saluda cariñosamente s.s.
Fr.
Francisco de S.M.
Misionero Capuchino