Testimonios
05
. Testimonio de Mons. Francisco Valdés S.
 
     
 

APAX ET BONUM
Pucón, 3-VI-55

M. Rvdo. Padre Carlos Pomar
Provincial de la Compañía de Jesús,
Santiago

Muy estimado Padre:

Tengo el agrado de enviarle algunos datos sobre el venerado Padre Hurtado, según el cuestionario enviado por Vuestra Reverencia el mes pasado.

I,1.- Conocí personalmente al Padre Hurtado entre los años 40 al 52 y traté particularmente con él en consultas y visitas, especialmente en su aposento, cada vez que tenía ocasión de ir a la Capital.

2.- Visitar al Padre Hurtado era algo tan grato que se buscaba un motivo para llegar donde él. Para mí, su rasgo característico era un interesarse en tal forma por cada persona y por cada problema como si le incumbiese a él única y totalmente su porvenir o su solución.

Le consulté sobre el movimiento vocacional y las esperanzas de un futuro mejor para el clero y las órdenes religiosas en Chile. Se mostraba casi siempre optimista, a pesar de manifestar algunas veces verdadera pesadumbre por la falta de ideales en la juventud y en los formadores. Así me habló en una ocasión en que nos encontrábamos en la estación de Temuco, al regresar él en el flecha de Puerto Montt. Apenas me divisó entre el gentío descendió del vagón para aprovechar los momentos de entrevista. Venía amargado por encontrar el ambiente materializado en la juventud de nuestro Sur. Era en los tiempos de su asesoría de la JC.

3.- Aun sin conocerle, recuerdo haber oído comentar a uno de nuestros padres misioneros que le había observado celebrar la Misa, y le había llamado tan poderosamente la atención que decía no haber visto nunca una celebración tan edificante, y que al ser así los sacerdotes chilenos, deberían ser todos santos. Esto era el año 37 en San José de la Mariquina.

Recuerdo igualmente haber oído comentar con entusiasmo a un grupo de profesores primarios de nuestras escuelas misionales sobre la personalidad del Padre que les acababa de predicar ejercicios en ese mismo pueblo; esto talvez el año 1939 o 1940.

4.- Acerca de su vida espiritual, fuera de lo afirmado arriba, creo ser de la impresión más honda recibida a través del trato con el Padre Hurtado, su claridad de visión en cada problema particular y en el del orden sobrenatural en su proyección sobre la vida cristiana, junto con una entrega íntegra y cálida al estudio de la solución de cada problema, tanto en el alma de sus dirigidos como en el conjunto del grupo, de la sociedad, de la Patria, de la Iglesia.

5.- Su misión providencial fue ciertamente dar orientación real, firme, requerida por la época, al alma del catolicismo especialmente en los sectores de la juventud y en el mundo asalariado.

Conservo sólo una carta suya, fechada en Noviembre de 1951, en breve respuesta a una consulta sobre escuelas agrícolas. En ella manifiesta su pesar por tener que someterse a cuidados y tratamientos en vista del quebrantamiento de su salud.

II.- Acerca de sus libros, más de alguna discusión me correspondió escuchar; no faltó entre los católicos del sur quienes encontraros exageraciones en sus afirmaciones. Sin embargo, la defensa de sus puntos de vista, publicados sobre todo en ¿Es Chile un País Católica? y en Humanismo Social, demostraba en aquellas ocasiones la formación de un nuevo apóstol de la causa religiosa y social.

Al solicitar mi colaboración cuando se trataba de fundar Mensaje, lo hacía con tal convicción de urgir algo inminentemente necesario, que nadie, creo, se habría podido negar. Su imán estaba orientado a las necesidades más obvias y su fuego era capaz de encender otros fuegos.

II,2.- Sus cualidades, lo mismo que sus deficiencias naturales, no eran motivo de consideración, al menos para mí, pues el desborde de su espiritualidad impedía más bien el detenerse en su exterior; a menos de haberlo buscado exprofeso. Y es por esto que para la mayoría de los observadores psicológicos me parece no ser la experiencia sobre el Padre Hurtado tan profunda como para las almas que buscaban a Dios o trataban de orientar su apostolado junto al gran apóstol.

Disculpará Vuestra Reverencia la pobreza de esta respuesta, desproporcionada al cariño por el inolvidable jesuita que tanto lamentamos haber perdido, y al deseo de cooperar en algo a su glorificación, la que esperamos de la bondad de Dios para el bien de las almas.

Le saluda cariñosamente s.s.

Fr. Francisco de S.M.
Misionero Capuchino

 
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