Anécdotas
03. Su Vocación Social
 
     
 

A mi juicio, el principal fruto, más que la ayuda material que se les podía dar, es esa cruzada de amor y respeto al pobre, y la razón: por que el pobre es Cristo, Cristo hambriento, Cristo desnudo, Cristo sin techo, Cristo sin justicia, etc. el impacto de amor y respeto al pobre, que produjo en muchos cristianos y no cristianos; creo que valen tanto o más que los beneficios materiales entregados por el Hogar de Cristo (Sra. Marta Holley de Benavente).

El P. Hurtado quería dentro de la dinámica de dar a conocer la Doctrina Social de la Iglesia, que esto se tradujera en la existencia de un Sindicalismo Cristiano, para lo cual organizó, precisamente la ASICH. En ella, en forma preferente, se enseñaba la Doctrina Social de la Iglesia, al mismo tiempo que se daba una formación espiritual a los trabajadores. Yo nunca le conocí ninguna actividad al P. Hurtado que no tuviera una fuerte dimensión espiritual. La ASICH era la forma concreta de que los trabajadores, conociendo mejor a la Iglesia, llegaran a amar a Cristo y no lo sintieran lejano a sus inquietudes de hombres de trabajo (Rodolfo Valdés Phillips).

A mí me correspondió colaborar con él en algunas cosas que no son de dominio público, por ejemplo de algunos policlínicos en poblaciones para atender enfermos, conseguía médicos, enfermeras, medicamentos siendo la atención absolutamente gratuita, este tipo de iniciativas eran desconocidas para aquella época, esta acción la realizó en poblaciones periféricas extremadamente pobres. Su delicadeza para con los pobres lo hizo pedir en una ocasión a las señoras de la Cruz Roja que al ir a las poblaciones no fueran con joyas y ropas muy elegantes y lo expresó en forma firme pero cariñosa. (Osvaldo Olguín Zapata).

Cuando sabía de personas que hablaban de él en forma desfavorable, solía decir: «Dios lo arreglará todo», y aunque él sufría calladamente, todo lo llevaba con paciencia y siempre se manifestaba contento (María Opazo).

El Constructor de una parte del colegio llegó extremadamente desesperado ante el P. Hurtado, porque carecía de dinero para pagar los sueldos de los trabajadores que debía pagar dos días después. En todo momento el Padre mantuvo una paz extraordinaria, afirmando que nosotros debíamos hacer las obras, y Dios debía financiarlas. Cuando salimos de la entrevista, nuestro común amigo, firma de gran prestigio, me dijo: «Alberto es un loco, muy inconsciente de la situación que se nos creará si no pagamos oportunamente». Al día siguiente, junto con mi amigo pasamos grandes dificultades y finalmente, por la noche, a última hora, él me llama y me dice que le habían llevado un sobre con todo el dinero en efectivo, la totalidad de la planilla de pago. Este sobre fue recibido en forma anónima en la portería del Colegio San Ignacio, a últimas horas de ese día. (Luis Fernández Solar).

Recuerdo que conversando con él solía exhortarme a tener confianza en Dios: "Dios tiene su hora y arreglará todo en el momento oportuno". El año 1951, en la procesión de la Virgen del Carmen, a la que siempre él asistía, yo iba al lado de él, y cuando pasó la Imagen, mirándola fijamente me dijo: "Prepara tus cosas porque la Virgen solucionará tus problemas a principios del próximo año, y tú entrarás al Seminario". Yo entré al Seminario en Abril, habiéndose solucionado en Marzo mi problema que era de carácter familiar y económico, en una forma que yo considero milagrosa. (Padre Fernando Karadima).

"En su actividad social, el Siervo de Dios siempre se mantuvo en su integridad sacerdotal y su vida irradiaba lo que él mismo predicaba. Recuerdo que frente a duros ataques que recibió el P. Hurtado por su actividad social, yo le dije en cierta ocasión: Padre, por qué no modera la denuncia de las injusticias sociales, por las consecuencias que a usted le puede ocasionar, a lo cual me respondió: Marta, después de la aprobación que he recibido del General de la Compañía y órdenes precisas dadas por él y de la audiencia que tuve con Pío XII, que no solamente aprobó mi trabajo, sino me alentó a seguirlo, como una tarea urgente, Marta, ¿puedo callar? ( Sra. Marta Holley de Benavente).

La suya, fue una vida absolutamente desbordada hacia los demás. El exceso de trabajo le significaba dificultades para cumplir los ejercicios espirituales de cada día, en particular la hora de oración diaria. En uno de los retiros espirituales tomó la decisión de levantarse todos los días a las 6 de la mañana, lo cual no dejaba de ser un sacrificio, porque el Padre se acostaba ordinariamente a la una de la mañana. "Y si me quedo dormido, prefiero quedarme dormido ante el Santísimo" (P. Arturo Gaete).

 
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