A
mi juicio, el principal fruto, más que la ayuda material que
se les podía dar, es esa cruzada de amor y respeto al pobre,
y la razón: por que el pobre es Cristo, Cristo hambriento, Cristo
desnudo, Cristo sin techo, Cristo sin justicia, etc. el impacto de amor
y respeto al pobre, que produjo en muchos cristianos y no cristianos;
creo que valen tanto o más que los beneficios materiales entregados
por el Hogar de Cristo (Sra. Marta Holley de Benavente).
El P. Hurtado quería dentro de la dinámica de dar a conocer
la Doctrina Social de la Iglesia, que esto se tradujera en la existencia
de un Sindicalismo Cristiano, para lo cual organizó, precisamente
la ASICH. En ella, en forma preferente, se enseñaba la Doctrina
Social de la Iglesia, al mismo tiempo que se daba una formación
espiritual a los trabajadores. Yo nunca le conocí ninguna actividad
al P. Hurtado que no tuviera una fuerte dimensión espiritual.
La ASICH era la forma concreta de que los trabajadores, conociendo mejor
a la Iglesia, llegaran a amar a Cristo y no lo sintieran lejano a sus
inquietudes de hombres de trabajo (Rodolfo Valdés Phillips).
A mí me correspondió colaborar con él en algunas
cosas que no son de dominio público, por ejemplo de algunos policlínicos
en poblaciones para atender enfermos, conseguía médicos,
enfermeras, medicamentos siendo la atención absolutamente gratuita,
este tipo de iniciativas eran desconocidas para aquella época,
esta acción la realizó en poblaciones periféricas
extremadamente pobres. Su delicadeza para con los pobres lo hizo pedir
en una ocasión a las señoras de la Cruz Roja que al ir
a las poblaciones no fueran con joyas y ropas muy elegantes y lo expresó
en forma firme pero cariñosa. (Osvaldo Olguín Zapata).
Cuando sabía de personas que hablaban de él en forma desfavorable,
solía decir: «Dios lo arreglará todo», y aunque
él sufría calladamente, todo lo llevaba con paciencia
y siempre se manifestaba contento (María Opazo).
El Constructor de una parte del colegio llegó extremadamente
desesperado ante el P. Hurtado, porque carecía de dinero para
pagar los sueldos de los trabajadores que debía pagar dos días
después. En todo momento el Padre mantuvo una paz extraordinaria,
afirmando que nosotros debíamos hacer las obras, y Dios debía
financiarlas. Cuando salimos de la entrevista, nuestro común
amigo, firma de gran prestigio, me dijo: «Alberto es un loco,
muy inconsciente de la situación que se nos creará si
no pagamos oportunamente». Al día siguiente, junto con
mi amigo pasamos grandes dificultades y finalmente, por la noche, a
última hora, él me llama y me dice que le habían
llevado un sobre con todo el dinero en efectivo, la totalidad de la
planilla de pago. Este sobre fue recibido en forma anónima en
la portería del Colegio San Ignacio, a últimas horas de
ese día. (Luis Fernández Solar).
Recuerdo que conversando con él solía exhortarme a tener
confianza en Dios: "Dios tiene su hora y arreglará todo
en el momento oportuno". El año 1951, en la procesión
de la Virgen del Carmen, a la que siempre él asistía,
yo iba al lado de él, y cuando pasó la Imagen, mirándola
fijamente me dijo: "Prepara tus cosas porque la Virgen solucionará
tus problemas a principios del próximo año, y tú
entrarás al Seminario". Yo entré al Seminario en
Abril, habiéndose solucionado en Marzo mi problema que era de
carácter familiar y económico, en una forma que yo considero
milagrosa. (Padre Fernando Karadima).
"En su actividad social, el Siervo de Dios siempre se mantuvo en
su integridad sacerdotal y su vida irradiaba lo que él mismo
predicaba. Recuerdo que frente a duros ataques que recibió el
P. Hurtado por su actividad social, yo le dije en cierta ocasión:
Padre, por qué no modera la denuncia de las injusticias sociales,
por las consecuencias que a usted le puede ocasionar, a lo cual me respondió:
Marta, después de la aprobación que he recibido del General
de la Compañía y órdenes precisas dadas por él
y de la audiencia que tuve con Pío XII, que no solamente aprobó
mi trabajo, sino me alentó a seguirlo, como una tarea urgente,
Marta, ¿puedo callar? ( Sra. Marta Holley de Benavente).
La suya, fue una vida absolutamente desbordada hacia los demás.
El exceso de trabajo le significaba dificultades para cumplir los ejercicios
espirituales de cada día, en particular la hora de oración
diaria. En uno de los retiros espirituales tomó la decisión
de levantarse todos los días a las 6 de la mañana, lo
cual no dejaba de ser un sacrificio, porque el Padre se acostaba ordinariamente
a la una de la mañana. "Y si me quedo dormido, prefiero
quedarme dormido ante el Santísimo" (P. Arturo Gaete).