Últimos
años de apostolado
Continúa
con su intensa actividad apostólica habitual, de clases, confesionario,
grupos, dirección espiritual y retiros. Tanta actividad es consecuencia
de su entrega generosa, en él mismo se cumple lo que había dicho: «Si
alguien ha comenzado a vivir para Dios en abnegación y amor a los demás,
todas las miserias se darán cita en su puerta», y cobran una
especial relevancia sus propias palabras: «Soy con frecuencia como
una roca golpeada por todos lados por las olas que suben. No queda más
escapada que por arriba. Durante una hora, durante un día, dejo que las
olas azoten la roca; no miro el horizonte, sólo miro hacia arriba,
hacia Dios. ¡Oh bendita vida activa, toda consagrada a mi Dios, toda
entregada a los hombres, y cuyo exceso mismo me conduce para encontrarme
a dirigirme hacia Dios! Él es la sola salida posible en mis
preocupaciones, mi único refugio».
Entre
el 6 y el 13 de enero de 1950, el episcopado boliviano lo invita a
participar en la Primera Concentración Nacional de Dirigentes del
Apostolado Económico Social, en Cochabamba. Su ponencia se titula Cuerpo
Místico: distribución y uso de la riqueza. En ella urge a buscar a
Cristo completo, con todas sus consecuencias, y, «por la fe debemos
ver a Cristo en los pobres», y buscar soluciones técnicas
adecuadas, pues, «ha llegado la hora en que nuestra acción económico–social
debe cesar de contentarse con repetir consignas generales sacadas de las
encíclicas de los Pontífices y proponer soluciones bien estudiadas de
aplicación inmediata en el campo económico–social».
Impulsado
por su interés por el apostolado intelectual, funda la Revista Mensaje.
Fundar una revista formaba parte del proyecto de trabajo social que
propuso en 1947 al P. Janssens, Superior General de los Jesuitas. El P.
Hurtado deseaba la publicación de «una revista de vuelo» con
la finalidad de dar formación religiosa, social y filosófica. Lo que
él quería era: «Orientar, y ser el testimonio de la presencia de
la Iglesia en el mundo contemporáneo». En octubre de 1951 apareció
el primer número de Mensaje. En su editorial, explica que el nombre
alude «al Mensaje que el Hijo de Dios trajo del cielo a la tierra y
cuyas resonancias nuestra revista desea prolongar y aplicar a nuestra
patria chilena y a nuestros atormentados tiempos».